De cómo Estados Unidos se apoderó (discretamente) de Hawaii

Hace unas semanas revisamos la compra de Alaska a Rusia por parte de los Estados Unidos, un episodio en el que el entonces adolescente país norteamericano aprovechó la rivalidad de los demás países interesados para hacerse con el enorme territorio. Todo legítimo, justo y beneficioso para las dos partes, al menos en el tiempo en el que se cerró el trato. Nadie sabía que décadas después se encontraría oro bajo los hielos y mucho menos petróleo, un mineral al que entonces apenas y se le daba valor. Otra cosa es lo que sucedió en Hawaii, donde la estrategia norteamericana fue poco discreta a la hora de poner los cimientos de su futura colonización. Nada que no hubiese hecho ninguna otra potencia mundial, sólo que en este caso y, a pesar de que participaron los consabidos Marines y unos cuantos Winchester bien repartidos, apenas y hubo derramamiento de sangre. En la entrada anterior repasamos el origen volcánico de las islas, su formación y algunos datos interesantes de su situación actual. No obstante, el objeto principal de este artículo es dar a conocer la manera por la cual el archipiélago pasó a formar parte de los Estados Unidos de América.

hawaii en la actualidad

Según constan las teorías, los primeros habitantes humanos de Hawaii llegaron de Polinesia, tanto de las Islas Marquesas como de Tahiti, alrededor del año 1 de nuestra era. Está más que demostrada la capacidad de dichas civilizaciones para recorrer grandes distancias con sus canoas de doble casco. Lo que desconocemos es la razón por la que viajaron en esa dirección, mucho más al norte de sus islas de origen. En todo caso, se cree que la inmigración a Hawaii ocurrió en varias oleadas en periodos diferentes de la historia, según ambas fuentes, la tradición oral de sus habitantes, y los pocos resquicios arqueológicos encontrados. A partir del año 1200 es cuando se puede considerar a Hawaii como poseedora de una civilización estable y relativamente homogénea, pero dividida políticamente entre las varias tribus repartidas por las ocho islas habitables. Su posición en el centro del Pacífico alejados a más de 4.000 kilómetros de cualquier continente, permitió a los lugareños desarrollar su cultura con poca o nula influencia extranjera. Todo cambiaría el 18 de enero de 1778, cuando el Capitán James Cook se topó por accidente con el archipiélago, al que bautizó como islas Sandwich, en honor al Conde célebre por sus emparedados. Poco después los franceses también llegaron, pero ni estos ni los ingleses intentaron en un primer momento colonizar las islas. Aún así, la aparición de los europeos fue el catalítico para una unión entre los pueblos hawaianos, en un proceso no libre de violencia.

La iniciativa partió de Kalani Paiʻea Wohi o Kaleikini Kealiʻikui Kamehameha, o Gran Kamehameha para los amigos, un jefe tribal del Distrito de Kohala en la Isla de Hawaii. Kamehameha era nieto de reyes, pero al morir su tío el rey, fue su primo Kiwala’o kamehamehaquien heredó el trono, y a él le tocó una prestigiosa posición como jefe religioso. Sin embargo, la relación entre los primos no era nada buena, y cuando otros cinco jefes de distrito, también parientes, sugirieron a kamehameha arrebatarle el trono a Kiwala’o, aceptó la sugerencia y su apoyo. En 1782, una sola batalla kamehameha y sus tíos golpistas se hicieron con el control de los territorios de Kiwala’o y muy pronto con el resto de la isla. Ya entrados en conflicto, con los rifles comprados a comerciantes de pieles y con el adiestramiento militar de otros dos norteamericanos que vivían en la isla, Isaac Davis y John Young, kamehameha decidió unificar las islas, aunque fuese por la fuerza. En la siguientes campañas, entre 1789 y 1795, Kamehameha conquistó las islas de Oahu, Maui y Molokai, y el resto aceptó unirse voluntariamente en 1810, cuando Kamehameha fundó oficialmente el reino de Hawaii, y su dinastía.

Casi un siglo duró el gobierno de los descendientes de Kamehameha, hasta que en 1873, una nueva dinastía fue elegida entre los nobles. Para entonces, tanto los franceses como los británicos habían intentado conquistar las islas, pero habían sido rechazados siempre con la ayuda de los norteamericanos, que fueron más sutiles. Desde principios del siglo XIX, los misioneros protestantes de los Estados Unidos se habían establecido en Hawaii, fundando iglesias y escuelas, donde los hijos de los aristócratas locales eran educados. no tardaron mucho en lograr una importante influencia política y económica. En 1843, el Reverendo Amos Starr Cooke se convirtió en asesor del gobierno cuando uno de sus estudiantes se convirtió en rey, y como buen asesor, consiguió que el rey llevara a cabo una reforma con la que se permitía a los extranjeros comprar tierras. Cooke, obviamente, se convirtió en uno de sus beneficiarios.

En 1875, el reino de Hawaii firmó un Tratado de Reciprocidad con los Estados Unidos, que permitirían la importación de azúcar y arroz hawaianos libres de impuestos. Además, el tratado cedía Pearl Harbour a los norteamericanos, gratis, así como sus aguas adyacentes. Los locales protestaron, pero fueron reprimidos por los Marines. Hawaii seguía siendo un reino soberano, al menos en papel, porque en la realidad dependía cada vez más de la inversión y protección militar de sus amigos yanquis.

En 1887, el Rey David Kalakâua rechazó renovar el Tratado de Reciprocidad, aparentemente porque quería crear una federación polinesia para reducir la influencia americana en Hawaii, donde la mayoría de los altos cargos del gobierno estaban ocupados por los blancos. El 1 de julio de 1887, un grupo de blancos nacidos en Hawaii que se hacía llamar la Liga Hawaiiana, y con el respaldo de su Kalakauabrazo armado, los Honolulu Rifles, detuvo al Jefe de Gobierno del Rey Kalakâua cuando este se disponía a confiscar un cargamento de armas. La Liga Hawaiiana aprovechó la ocasión para entrar en el palacio real y obligar al rey a deponer a su ministro. Una vez dentro, y en un par de días, redactaron una nueva constitución en la que desposeían al rey de casi todo su poder personal, que pasaba a una cámara legislativa, donde los blancos tendrían el 75% de los votos. Era la llamada Constitución de la Bayonetas, por la forma en que fue aplicada. Los nativos no quedaron muy contentos con la nueva ley y lo demostraron en dos intentos de levantamientos, pero el mismo Rey Kalakâua, quien aparentemente estaba amenazado de muerte en caso de volver al anterior sistema, y los Honolulu Rifles, se encargaron de enfriar las cosas. En 1893, muere Kalakâua y sube al trono su hermana  Liliʻuokalani.

Recién llegada, Liliʻuokalani recibió las peticiones de muchos nativos de redactar una nueva constitución y restaurar el derecho a voto de todos los nativos. La constitución fue redactada, sí, pero antes de que se le permitiera a la reina siquiera proponerla al congreso, un grupo de europeos y norteamericanos constituyó lo que ellos llamaron el Comité de Seguridad, con el objetivo de derrocar a la reina y pedir la anexión de Hawaii a los Estados Unidos. Lo primero lo consiguieron sin problemas, simplemente llamando a un batallón de Marines, pero lo segundo no sería tan fácil.

La petición de anexión a los Estados Unidos llegó a Washington en enero de 1893 y el Presidente en funciones, recién derrotado en las elecciones, firmó el Tratado de Anexión el 14 de febrero. Sin embargo, el nuevo gobierno del Presidente Grover Cleveland ordenó una investigación de los hechos, que concluyó en julio de ese mismo año que las autoridades militares y diplomáticas de los Estados Unidos habían “abusado de su autoridad y eran responsables del cambio de gobierno”. Los ministros y comandantes militares en Hawaii fueron obligados a renunciar, y Cleveland ordenó la restauración de la monarquía, anunciando en su discurso del Estado de la Unión de ese año que “Por los hechos que se desarrollaron, me parece que el único camino honorable para nuestro gobierno es deshacer la injusticia causada por nuestros representantes y restaurar en la medida de nuestras posibilidades el estatus existente antes de nuestra forzada intervención”.

No obstante, los golpistas decidieron desobedecer al gobierno de Cleveland y declararon la República de Hawaii el 4 de julio de 1894 bajo la presidencia de Sanford Dole. Un nuevo informe de investigación por parte del senado declaró a los militares involucrados “no culpables”, por lo que Cleveland se vio forzado a admitir los hechos y a negociar relaciones diplomáticas con el nuevo país. En marzo de 1897, Cleveland perdió las elecciones ante William McKinley, quien ya en el gobierno firmó la anexión de Hawaii a los Estados Unidos el 7 de julio de 1898, a pesar de que la oposición declaró la acción como ilegal. Los nativos hawaianos entendieron que su causa estaba perdida. El 21 de agosto, Hawaii sería admitido como el estado número 50 de la Unión.

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Desde entonces, numerosos grupos han buscado en muy diversos grados la devolución de soberanía a Hawaii, algunos proponiendo una especie de estado asociado a la guisa de Puerto Rico y otros pidiendo la restauración de la monarquía. Varias causas se han abierto en diversos tribunales de los estados Unidos, sin éxito.  La realidad es que la mayoría de los habitantes actuales de Hawaii están muy contentos como ciudadanos norteamericanos y los independentistas no pasan de ser grupos marginales, casi exóticos. Legal o no, la anexión de Hawaii es un hecho. Como en el caso de Texas, la sutil pero constante inmigración de estadounidenses terminó por darle la vuelta al poder político en el territorio receptor. El crimen, en ocasiones, paga.