Una familia de emigrantes asturianos que ha llegado lejos, muy lejos…

Cuando el 1 de abril de 1853 nació en Mallecina Luis Fernández Álvarez, ninguno de sus vecinos en aquella aldea asturiana podría imaginarse lo lejos que el pequeño llegaría, física y profesionalmente, y lo aún más lejos que llegarían sus descendientes. Los Álvarez (luego explico el por qué usan el segundo apellido), son una saga familiar que se extiende ya por cuatro generaciones, reconocida en buena parte del mundo, aunque algo menos en España. Desde tratamientos médicos a la desaparición de los dinosaurios, pasando por múltiples descubrimientos en el campo de la física y sus aplicaciones prácticas, Luis, Walter, otro Luis y otro Walter, han dejado su huella indeleble en las ciencias, y en el de la historia.

El fundador emigrante

Aquel bebé no se quedaría en Asturias mucho tiempo, pues su padre, Don Eugenio Álvarez, era uno de los colaboradores de confianza del infante Francisco de Paula, hijo menor del rey Carlos IV. Con esas conexiones, Luis pudo acceder a una educación lo suficientemente buena para iluminarle el camino cuando la vida le puso a prueba. Tres años tenía cuando murió su madre, y siete cuando a Don Eugenio un accidente le cortó la existencia. En 1865 murió el infante, el último reducto de seguridad para el ya adolescente, y al año siguiente, su hermano Celestino se lo llevó a La Habana para trabajar en la industria del tabaco, aunque no se quedaría mucho tiempo y terminaría emigrando a los Estados Unidos.

Ya casado y residente en california, Luis se graduó como médico en 1887 y ejerció un tiempo en San Francisco. Luego se unió a la marina y se embarcó como cirujano de a bordo en el USS Australia y, en un viaje a Hawaii, el Mallecinagobierno local le ofreció un importante puesto, y Luis aceptó. En 1895 pasó a supervisar un nuevo hospital experimental en el distrito de Kalihi de la capital, Honolulu. La institución era un centro de diagnóstico para enfermos potenciales de la lepra, pero hasta entonces los métodos eran complejos y prolongados, por lo que él mismo desarrolló un procedimiento más sencillo, rápido y económico de detección de la dolencia, método que aún se utiliza en la actualidad. Desde principios del siglo XX y hasta su muerte en 1937, Don Luis fungiría hasta su muerte como Cónsul Honorario de España en Hawaii. Luis Fernández Álvarez tuvo dos hijos, Mabel Alvarez, una pintora impresionista muy reconocida en California, y Walter.

Walter C. Alvarez

Según las costumbres anglosajonas, sólo se utiliza un apellido, por lo que suele darse el caso que con los nombres hispanos, con dos patronímicos, se cree que el primero, el del padre, no es más que otro nombre, y el segundo apellido pasa a ser el utilizado. Es así que los Fernández se convirtieron en Alvarez, sin el diacrítico para más inri.

Walter nació en San Francisco en 1884, pero pasó su infancia en Hawaii. Al igual que su padre, se graduó en medicina por la Universidad de Stanford. Ejerció toda su carrera de médico alternándola con la investigación, principalmente en la Universidad de California en Berkeley, y con la docencia, en esta misma institución y en la Walter C. AlvarezUniversidad de Minnesota. Entre sus más reconocidos logros destaca el descubrimiento del ahora conocido como Síndrome Alvarez, una hinchazón abdominal sin razones aparentes, las Ondas Alvarez, contracciones uterinas sin dolor que ocurren durante el embarazo, y la electrogastrografía, una técnica que utiliza impulsos eléctricos para estudiar la actividad del estómago y los intestinos. No conforme con una larga y productiva carrera, y ya jubilado, el Dr. Alvarez comenzó a escribir una columna sobre medicina que pronto se popularizó y fue publicada por cientos de diarios a través de la unión. En su honor, la Asociación de Autores Médicos de los Estados Unidos entrega el premio Walter C. Alvarez a aquellos que más hayan contribuido a la divulgación popular de temas médicos. El Dr. Alvarez falleció en california en junio de 1978, y dejó cuatro hijos, Gladys, Luis, Robert y Bernice.

Luis W. Alvarez, Premio Nobel

Los éxitos de la saga familiar parecen acrecentarse con el paso de las generaciones. Luis es el mejor ejemplo. Nacido el día de San Antonio de 1911 en la ciudad del Golden Gate, el segundo vástago de Don Walter elegiría la física como campo de estudio. Después de obtener su doctorado en la Universidad de Chicago en 1936, se unió al equipo de Ernest Lawrence (su hermana Gladys era la secretaria de Lawrence) en el Laboratorio de Radiación de la Universidad de Berkeley. Durante esos años participó en grandes descubrimientos en el campo de la radioactividad Luis Alvarez recibe el Premio Collier de manos del Presdente Truman. (1946)y en la construcción del primer ciclotrón, por el que Lawrence recibió el Premio Nobel en 1939. En 1940 se trasladó al laboratorio de Radiación del MIT, donde pasaría los primeros años de la guerra aplicando sus amplios conocimientos en ondas radiales para desarrollar varios sistemas de radar, entre ellos los transpondedores, que aún en la actualidad se utilizan en aviación para guiar a los pilotos desde tierra. Fruto de su trabajo también fue el GCA (Ground Control Approach, o Aproximación Controlada desde Tierra), un sistema de aterrizaje para aviones en condiciones climáticas adversas, guiados desde la superficie por medio de radares y que también sigue siendo parte del equipamiento estándar de los aviones modernos. Por este último invento Alvarez recibiría el Premio Collier de manos de la National Aeronautic Association.

En 1943, Alvarez entró a trabajar en el Proyecto Manhattan de la mano de su director, Robert Oppenheimer. Su primera tarea, encargada por el General Leslie Groves, fue buscar una manera de averiguar si los nazis estaban desarrollando una bomba atómica, para lo cual sugirió volar sobre Alemania con un sistema para detectar los gases radiactivos que produce un reactor nuclear. Los vuelos se llevaron a cabo y dieron negativo. posteriormente, fue el encargado de diseñar y construir el detonador de las dos primeras bombas atómicas (Trinity Test y Little Boy), de cuyas explosiones fue testigo volando en sendos B-29, tanto sobre el desierto de Nuevo México y Hiroshima.

Después de la guerra, de vuelta en Berkeley, Alvarez dedicó su tiempo a buscar usos civiles para todo el conocimiento y la tecnología nuclear adquirida durante el conflicto. Entre sus muchas ideas, fue el instalar un detector de rayos cósmicos dentro de una de las pirámides de Egipto para medirlos y poder averiguar de esa manera si existían cámaras mortuorias aún sin descubrir. El resultado fue negativo. Como colofón a tan productiva carrera, un Alvarez de tercera generación recibió el Premio Nobel de Física en 1958. Pero su trabajo no terminaría ahí, pues su colaboración fue clave para uno de los mayores descubrimientos de la ciencia en las últimas décadas del siglo XX, y no por casualidad, con su hijo Walter.

Walter Alvarez y los dinosaurios

Miembro de la cuarta generación de Alvarez en los Estados Unidos, Walter nació en Berkeley mientras su padre era catedrático. Ahí mismo creció, en un entorno científico y en una de las universidades más prestigiosas del país, por eso, cuando le tocó elegir carrera, se decantó por una de las ciencias la geología. Licenciado por la Universidad Carleton de Minnesota y Doctor por Princeton, al joven Walter se le ocurrió pasar su luna de miel viviendo entre los indios guajiro en Colombia y Venezuela. Posteriormente entró a trabajar para una empresa petrolera y le tocó vivir la revolución de Muammar Gadda

Luis y Walter Alvarez en Gubbio, Italia.

Luis y Walter Alvarez en Gubbio, Italia.

fi en 1969, tras lo cual decidió abandonar el negocio y dedicarse a otra rama que le comenzaba a llamar la atención, la geología arqueológica. Se trasladó a Gubbio, en Italia, e inició un estudio de cómo los suelos de origen volcánico habían influenciado los patrones de asentamiento de los romanos.

A las afueras del pueblo, junto con su colega Bill Lawrie, Alvarez analizó una formación rocosa compuesta de decenas de capas de piedra caliza que se extiende por unos 400 metros, y que representan unos 50 millones de años del registro geológico de la Tierra. En los análisis de la piedra, los dos científicos descubrieron fósiles de foraminíferas, un grupo de organismos ameboides muy abundantes en sedimentos. El problema fue que, entre las capas de caliza, también encontraron una franja de arcilla de un centímetro de grosor, carente de cualquier fósil. Además, notaron que las poblaciones de foraminíferas en las capas variaba considerablemente de un lado de la capa de arcilla al otro, mucho menor en los sedimentos más recientes. El hecho era llamativo y para una mente científica el misterio no podía quedar sin resolver.

Para no hacer el cuento largo, Walter, con la ayuda de su padre y otros colegas, fueron quienes sugirieron que el choque de un meteorito contra la tierra había sido fundamental en la extinción de la mayoría de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años. Os dejo un enlace con más detalles. La teoría (científica) es sin duda una de las más importantes en la geología del siglo XX, y probablemente de la historia. Walter Alvarez es desde entonces uno de los expertos más reconocidos en ese campo, pero también en la actividad tectónica mediterránea y en arqueología. Y no es todo.

Walter Alvarez es uno de los líderes de la iniciativa “Big History”, de la cual este bloguero es también seguidor y promotor. Desde el año 2006, el Doctor Alvarez enseña un curso en Berkeley llamado Big History: Cosmos,Tierra, Vida y Humanidad, un proyecto para entender la historia del universo, nuestro planeta y nuestra especie de una manera unificada y multidisciplinar (aquí un enlace con más detalles).

Cuatro generaciones de una familia de emigrantes asturianos con más logros científicos y prácticos que la mayoría de familias que conozco. Los Alvarez algo tendrán, mucho cerebro seguro, pero también disciplina y ambición por desvelar los misterios de la ciencia. No está mal para ser los descendientes de un humilde chaval que salió de su aldea en Asturias para comerse el mundo.

6 thoughts on “Una familia de emigrantes asturianos que ha llegado lejos, muy lejos…

  1. Hola Jesús,
    si me lo permites añadiré algo al respecto a las contracciones uterinas durante el embarazo. Se conocen como de Braxton Hicks y, aunque esporádicas, se reconocen desde etapas tempranas (sexta semana) para ser más notorias a medida que avanza el embarazo. Suelen durar menos de 30 segundos (algunas más) y sirven para “preparar” al útero para el parto. A partir de la 38 semana de gestación son más frecuentes y dolorosas produciendo entonces el borramiento del cuello del útero y su posterior dilatación, iniciando así el trabajo de parto.
    Existe otro descendiente de españoles e italianos, maestro de maestros en la obstetricia mundial y pionero, junto al Dr. Hermógenes Álvarez, en el desarrollo de la medicina perinatal (creo que lo del apellido es casualidad y no tiene nada que ver con el Álvarez que nos presentas hoy), juntos crearon a mediados del siglo XX un sistema de trazado que monitorizaba la presión intrauterina durante el embarazo, permitiendo analizar las contracciones durante la gestación y el parto, midiendo su intensidad y frecuencia. Pocos años después desarrollaron la monitorización del corazón del feto que es el método utilizado desde entonces para controlar su frecuencia cardiaca y la respuesta ante las contracciones de la madre. Esto es algo de vital importancia para comprobar que el feto no presenta hipoxia (falta de oxígeno) durante la contracción y así prevenir daños neurológicos.
    Como en tantas otras ocasiones no tenía ni idea de esta familia de emigrantes. Una lástima que aquí en España no sepamos potenciar la ciencia e investigación, lástima que no sepamos valorar que la inversión de hoy siempre quedará recompensada con creces a medio/largo plazo.
    Abrazos y como siempre magnífico artículo, siempre aprendo cosas nuevas en tu blog.

    • Hola Francisco,
      bien sabes que soy un ignoto en cuestiones ginecológicas, pero de la misma manera yo se que tú te dedicas a ello y que siempre nos deslumbras con tus muy interesantes aportaciones. La medicina es uno de esos campos en los que la tecnología ha tenido un enorme efecto positivo. Pequeños y casuales descubrimientos, grandes invenciones han cambiado la manera en que se hacen los diagnósticos (apenas tú publicaste un gran artículo sobre los Rayos X, ampliamente recomendable) y en los tratamientos. El ejemplo del Dr. Alvarez es sólo uno, y espero poder en el futuro publicar más de ellos.
      En todo caso, esta saga de asturianos demuestra que no importa de dónde venimos. El origen es lo de menos, el trabajo, la ambición y el estudio lo son todo.
      Muchas gracias por tu interesantísima aportación, de verdad que siempre enriqueces nuestras entradas.
      Un abrazo!

    • Hola Arnaldo,
      siempre he pensado lo mismo. Cuatro grandes científicos en cuatro generaciones de una familia. Impresionante!
      Muchas gracias y un saludo!

  2. Me ha encantado leer esta historia de superación, generación tras generación, amigo Jesús.. Te sigo, ahora sí, después de tiempo sin pasarme… Abrazos de luz 🙂

    • Hola Mamen,
      bien dices que es una historia de superación, que demuestra cómo el estudio y el trabajo nos pueden llevar muy lejos, aún si nuestros orígenes so humildes. Un gran ejemplo que muchos deberíamos seguir…
      Mil gracias por pasarte y un besín.

Comments are closed.