Le prometió un polvo lunar, y cumplió…

Cuántas promesas no habremos hecho los hombres, y algunas mujeres, para ganarnos los afectos del sexo contrario. Les hemos bajado el cielo, la Luna y las estrellas, al menos figurativamente, una manera de hablar, pensando en que el solo ofrecimiento nos puede ganar el paraíso. Pero ¡ay! que un día se le ocurrió a uno prometerle la Luna a la musa de sus amores, y no lo hizo como una manera de hablar, sino en serio, Le prometió hacerle el amor  sobre la Luna, y le cumplió, de cierta manera. Esta es la rocambolesca (para algunos romántica) historia de Thad Roberts, un físico que trabajaba de becario en la NASA, y de cómo arriesgó todo por una noche de pasión desenfrenada, un polvo lunar que le costó muchos años de su vida.

Thad Roberts, candidato a astronauta.

Thad Roberts, candidato a astronauta.

Promesa descarriada

El joven Thad era una promesa científica en toda regla. Buen estudiante y mormón cumplidor en la infancia, fue enviado por los líderes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días (eso, los mormones) al centro de formación misionera que la organización tiene en Tulsa, y una vez terminado su entrenamiento recaló en Tulsa, Thad Roberts en un simulador de vueloOklahoma. Aquí nuestro amigo Roberts dio una pista de dónde estaban sus prioridades, y de su franqueza, al reconocer a los líderes de la iglesia que había mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, por lo cual fue expulsado del programa y devuelto a su natal Salt Lake City. Pronto se casó con una chica llamada Kaydee y se enroló en Tres Carreras Tres en la Universidad de Utah, geología, geofísica y física, con la intención de convertirse en astronauta. Durante sus estudios se sacó la licencia de piloto, el carnet de submarinista de rescate, fundó la Sociedad Astronómica de la Universidad de Utah, fue nombrado director del observatorio, y aún le dio tiempo de participar en varias expediciones para desenterrar huesos de dinosaurio.  Apuntaba alto el niño.

Objetivo NASA, cumplido.

Y entonces solicitó una plaza en la NASA, en una especie de programa para jóvenes científicos. Ya en su tercer año en el Centro Espacial Johnson de Houston, Thad conoció a otra becaria, una bióloga de 19 años llamada Tiffany Fowler, y aunque casado, Thad le tiró los tejos. Ella se dejó embaucar, pero no sin antes sonsacarle a su Romeo su plan para robar rocas y polvo lunar. Cuando él le contó la idea, ella dijo que dicho plan no debería quedarse en tal, y juntos prepararon el robo. Pero entrar en los bien resguardados edificios de la NASA no es moco de pavo, al menos para civiles ignaros como somos la mayoría. Otra cosa es para los genios que la agencia espacial suele contratar.

El robo

Una húmeda y calurosa noche de verano, típica en la zona de la Bahía de Houston, un todoterreno salió de la autopista 45 para adentrarse en NASA Road, la avenida donde se encuentra la entrada del Centro Espacial Johnson. Es desde estas instalaciones desde donde se controlan todas las misiones de la NASA, y donde la mayor parte de sus científicos trabajan. Cabo Cañaveral es sólo el punto de lanzamiento.

Edificio 31, Centro Espacial Johnson, Houston, donde se guarda el polvo lunar

Edificio 31, Centro Espacial Johnson, Houston.

En una de sus múltiples construcciones, el Edificio 31, la agencia espacial guarda los más de 300 kilos de rocas y polvo lunar cargados en las cápsulas de las seis misiones Apolo que se posaron en nuestro satélite. Desde ahí salen las minúsculas muestras que solicitan los expertos para analizarlas y llevar a cabo las pruebas correspondientes, y un vez utilizadas, se devuelven al Edificio 31, donde se guardan en una caja fuerte para nunca más ser sacadas. Sobra decir que la seguridad en este tipo de instalaciones es más que alta, especialmente en aquel verano del 2002, meses después de 9/11.

Al llegar a la garita, el guardia saludó a Thad, al volante de un Jeep Cherokee – ¿Coche nuevo? – le preguntó – No señor, me lo prestaron para ayudar a una amiga en una mudanza. La barrera pintada con franjas rojas y blancas se levantó, y Thad, acompañado de Tiffany y de Shae Saur, otra becaria que se les había unido como cómplice, entró en el complejo. Nada anormal. Los tres eran becarios y tenían sus pases en orden, y no era nada del otro mundo que trabajaran de noche.

He estado en el Edificio 31, aunque a decir verdad en los tours sólo te permiten entrar en una pequeña sala donde Rocas lunares en el Edificio 31exponen algunas rocas lunares en vitrinas con gruesas ventanas. Parece un hospital, todas las paredes en blanco, los pisos relucientes, los trabajadores tapados por batas blancas, guantes y mascarillas haciendo conjunto. Pero cuando Thad y Tiffany entraron aquella madrugada no había nadie. En cualquier caso, había que tomar precauciones, y la pareja entró en un baño para ponerse los trajes de neopreno que llevaban para engañar a los sensores de calor, todo muy “Misión Imposible”.

Utilizando los códigos que un cuarto becario les había facilitado, los cacos-genio pasaron varios torniquetes y puertas de seguridad, hasta que llegaron a la oficina de un científico, en la que se guardaba la caja fuerte y las rocas ya analizadas. Había otras muestras en vitrinas, de rocas y de polvo lunar, pero Thad quiso ir por el premio mayor. No obstante, ni los códigos ni el súper cerebro de los becarios fue suficiente para abrir la caja fuerte, así que, ¿por qué no? Decidieron desatornillarla de su base y llevársela entera. Las autoridades aún no saben cómo dos personas pudieron cargar una caja de 300 kilos de peso, aunque hubiesen utilizado un carrito. Pero de alguna manera lo lograron, y subieron la preciosa carga a la Cherokee, y salieron del Centro Espacial.  

Vincent Casel en Ocean's Twelve

Ahora bien, sólo hay una fuente que ha hecho públicos los detalles de la acción, el mismo Thad Roberts, por lo que deberíamos tomarlos con una pizca de sal, o de polvo lunar ;). La primera vez que lo leí me sonó todo un poco fantasioso, y buscando buscando he leído los testimonios de otros becarios en NASA que no se creen que las cosas hayan sucedido como Roberts las relata. Yo tampoco me lo creo todo. Lo único que confirma el FBI es que el trío robó las rocas lunares. Puede que Thad haya dramatizado el robo de polvo lunar, pero tuvo lugar, de eso no hay duda.

Polvo Lunar a un alto precio

El caso es que Thad y Tiffany sacaron una muestra de polvo de 100 gramos, la pusieron debajo de las sábanas de una cama, e hicieron el amor sobre ella. El polvo lunar (para los no españoles recomendaría ver el significado número 5 de la palabra “polvo”), y nunca mejor dicho.

Pero ¡ahhhh! No todo es tan romántico como parece. Antes incluso de conseguir las muestras, Thad había abierto una página web y a través de ella había contactado con un coleccionista de rocas belga. A Axel Emmermann le ofreció la posibilidad de adquirir rocas lunares, una oportunidad como pocas, y en un principio éste mordió el anzuelo. Lo que no sabía Thad es que Emmermann sospechó juego sucio y se puso en contacto con el FBI. El 20 de julio del 2002, 33 años y un día después de que Neil Armstrong caminara en la Luna por primera vez, Emmermann se reunió con Roberts en un restaurante italiano en Florida, no muy lejos de Cabo Cañaveral. Ahí negociaron el precio, y poco después se trasladaron al hotel para cerrar la compra. Llegando ahí, saltaron 40 hombres de gris y 40 armas para arrestar al desprevenido becario.

Thad Roberts con su libro

Thad Roberts con su libro.

Thad Roberts fue sentenciado a 100 meses de prisión, tiempo que aprovechó para sacarse tres títulos universitarios más y escribir un libro sobre física cuántica con el aventurado nombre de “La Intuición de Einstein: Visualizar la Naturaleza en Once Dimensiones”. Con ese título nos podemos dar una idea de cómo se las gasta el individuo.En la actualidad Thad es conferencista y trabaja como asesor para un Think Tank. No repetiría jamás el robo de polvo lunar, pero tampoco se arrepiente.

Bonus. Cuando el FBI buscó en casa de Roberts después de su arresto, los agentes encontraron una serie de huesos de dinosaurio que Thad había robado de la Universidad de Utah. Dicho robo fue incluido en la sentencia.

8 thoughts on “Le prometió un polvo lunar, y cumplió…

  1. Hola Jesús,
    ¡ostras, me que he quedado de piedra (lunar)! Me recordaste a Alan Bean, uno de los astronautas que tras ir a la Luna se dedicó a la pintura y como no podía ser de otra forma, se especializó en paisajes espaciales, unas obras que son únicas en el mundo no tanto por la calidad de sus cuadros sino porque añadía pequeñas porciones del polvo lunar que se quedó impregnado en los parches de su traje espacial y que tan celosamente guardaba.
    Un abrazo y disfruté tu narración. Es raro que no se hiciera una película sobre ello, seguro que triunfaría. ¡Ja, ja, ja!

    • Buenos días Francisco,
      Hay muchas maneras de “echar un polvo”, y una muy interesante es la técnica que utilizó Bean en sus pinturas…que por cierto, no es al único astronauta al que le dio la vena artística. Me consta que al menos Armstrong y Aldrin, ambos del Apollo XI, hicieron sus pinitos con la pintura. Eso sí, no sé si también echaron polvos…:P
      Muchas gracias por comentar. Un cordial saludo.

  2. Muy buenas Jesús, interesantísimo como todas tus publicaciones, pero he detectado un error de cuenta temporal!: has dicho que el 20 de Julio de 2002 era 30 años y un día después de que Neil Armstrong caminase por primera vez sobre la luna… te has olvidado tres años más no? jaja! 1969-1999: 30 años. Qué despiste no? Un saludo!!!

  3. Me ha encantado la historia Jesús, pero yo soy un clásico. A la hora de disfrutar de la acepción 5ª prefiero que debajo de las sábanas esté el colchón, y debajo el somier. Así me aseguro de que no me meten en el talego ocho años y cuatro meses, aunque sé que aquí en España no tenemos ningún Edificio 31………..que yo sepa.

    • Jeje, Cabalero del Aire, Vd. puede echar unos polvos desde su avión, a ver a quién le caen… 😛 Yo soy más conservador, o sea, conservo el secreto de lo que hago o no con las féminas, o lo que hacen ellas conmigo…shhhh!
      Un abrazo Ernst.

    • Totalmente Planeta, todo un cerebro para las ciencias, pero no se le ocurrió pensar en que la policía lo iba a encontrar…en fin, pagó sus pecados por bruto… 😛
      Mil gracias por comentar, un cordial saludo.

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