Gail Halvorsen: el hombre con el corazón de chocolate.

Era una tarde normal de noviembre, fría y lluviosa. El viento aún soplaba a placer sobre la derruida capital alemana, incapaz de reconstruir sus edificios tres años después de la caída. Dentro de una habitación, una joven delgada cocina dos tortitas de harina sobre trozos de madera encendidos, con sólo una plancha de hierro sucio entremedias. Detrás de ella, sobre el sofá, el único mueble del improvisado hogar, una muñeca rubia fija su mirada brillante en su madre. Admiración, esperanza y amor es lo que evoca la escena. También hambre. Pero hoy ha venido el hombre con el corazón de chocolate, y la pequeña ha conseguido un tesoro. Es una sorpresa para el postre.

Hace ya varias semanas que Jutta oyó hablar del Tío Chocolate, pero hasta hoy no había podido comprobar su veracidad. Junto con otros niños del barrio, la pequeña de ocho años había acudido a los límites del aeropuerto de Tempelhof. Sólo tuvieron que esperar dos horas para que desde el cielo cayeran los paracaídas llenos de golosinas.

Gail Halvorsen

Gail Halvorsen

Alas contoneantes

Gail Halvorsen había obtenido su licencia de piloto privado en 1941. Ese mismo año entró en la Fuerza Aérea y recibió entrenamiento en Miami, Florida. Hizo algunos vuelos de transporte en el Atlántico Sur antes de que acabara la guerra, pero a eso se ciñço su participación. Comenzaba el verano de 1948, y Gail aún no encontraba su lugar en el mundo.

Entonces, una mañana que conducía su coche cerca de la base, escuchó un llamado del ejército, que requería pilotos para una misión especial en Alemania. Gail sabía muy bien lo que sucedía y, aparcando su coche bajo un árbol, fue y se apuntó al programa. Esa misma noche volaba a Europa, y nunca volvió a ver su coche.

Antes de aterrizar en la base de Rhein-Main, cerca de Frankfurt, Halvorsen ya sabía los detalles de su misión.

Comunismo Vs. Libertad

La Guerra Fría había iniciado. Stalin había aceptado a regañadientes la presencia de los aliados en Berlín, dentro de la zona de ocupación soviética. Era un encaje temporal, y a cualquiera que quisiera escucharle, le decía que los americanos se cansarían y se irían pronto, y que los Alemania y Berlín divididasbritánicos no podrían detenerlo. Según el propio genocida, toda Alemania sería comunista, y soviética como el resto de Europa del este.

Los comunistas llevaban acosando a los aliados desde principios de 1948. Las tropas soviéticas detenían cualquier tren aliado con dirección a Berlín y pedían toda clase de papeles y permisos a los conductores. En ocasiones, estos eran devueltos a Alemania Occidental. El 21 de junio, los aliados anunciaron la introducción de una nueva divisa para Alemania,  el Deutschmark. Los soviéticos, conscientes de que eso significaría estabilidad y prosperidad económica para el país, se negaron rotundamente a aceptarla. El 24 de junio, anunciaron que cerraban todos los accesos por tierra a Berlín. Querían que los aliados se marcharan.

Puente Aéreo

Pero en la Casa Blanca ya no estaba Roosevelt quien había tragado con todas las mentiras y traiciones de Stalin. Harry Truman no iba a permitir más desplantes y la caída de más países bajo la bota soviética. Ya habían visto lo que sucedió en Polonia, Hungría y Checoslovaquia.

Truman habló con el gobernador militar estadounidense en Alemania, Lucius D. Clay, y le pidió opciones. Clay sugirió entrar con una fuerza armada, creyendo que era un farol de Stalin. Truman prefirió otra opción, suministrar a Berlín occidental por aire. Si Stalin quería detenerlos, tendría que derribar aviones.

puente aéreo

Gail Halvorsen fue uno de los primeros pilotos en llevar comida y carbón a Berlín. Él mismo recuerda que hasta ese momento sus sentimientos por los alemanes no eran muy positivos. Ellos habían empezado la guerra y causado mucho daño, repite en cada entrevista, pero también pensaba que merecían una segunda oportunidad. Además, los soviéticos ya habían demostrado ser aún peores que los nazis, y ahora ellos eran el enemigo.

Encuentro

Gail era un gran aficionado a la fotografía, y siempre llevaba una cámara de cine consigo. Una mañana, llegando a Berlín, anunció a su tripulación que, mientras descargaban el avión, iba a hacer unas fotos por los alrededores del aeropuerto. Sólo tardó unos minutos en llegar a la valla metálica que marcaba el perímetro.

Ahí, tras la reja, había un grupo de niños alemanes. Gail se fijó que parecían muy desposeídos. La mayoría no tenía camisa y estaban bastante delgados. No obstante, se acercaron a él y entablaron charla. Una niña de unos 15 años, la que mejor se manejaba en inglés, le tradujo un mensaje de la pandilla.

El hombfe con el corazón de chocolate y los niños berlineses.

El hombre con el corazón de chocolate y los niños berlineses.

-Cuando haga mal tiempo y no podáis aterrizar, no os preocupéis. Podemos arreglarnoslas con poca comida, pero si perdemos la libertad, probablemente nunca la recuperemos.

La madurez del mensaje hizo mella en el corazón de chocolate del Teniente Halvorsen. Le pareció muy curioso que un grupo de niños alemanes le diera tanta valía a la libertad, más que a la comida. Gail buscó en sus bolsillos y encontró un par de barritas de chicle, que regaló a los niños. Estos se las repartieron, y aquellos a los que no les alcanzó cogieron el papel y lo olieron con fuerza.

A Gail se le ocurrió una idea, y dijo a los niños. Mañana por la tarde, cuando vuelva con mi carga, soltaré unos dulces desde mi avión. Esperadme aquí. Uno de los niños preguntó -¿y cómo sabemos cuál es tu avión? – a lo que Halvorsen respondió-  agitaré las alas.

Esa misma noche Halvorsen compró todos los dulces que le permitía su tarjeta de racionamiento, y pidió a su tripulación que hiciera lo mismo. Juntaron tres cajas de golosinas.

Operación “Little Vittles”

Tal y como lo había prometido, Halvorsen dejó caer los dulces desde su avión, atando las cajas a unos pañuelos en forma de mini paracaídas para proteger a los niños. La acción se repitió durante las tres próximas semanas., ganándole una infinidad de apodos al hombre con el corazón de chocolate.

Entonces, el responsable del Puente Aéreo, Teniente General William H. Tunner, se enteró de lo que Halvorsen estaba haciendo por medio de un reportaje en un periódico alemán. Tunner llamó al jefe directo de Gail y le pidió explicaciones. Cuando éste confesó, pensó que le expulsarían del ejército. Sucedió todo lo contrario.

puente aéreo, corazón de chocolate

Tunner decidió que las fuerzas militares norteamericanas participarían en la operación. A partir del 22 de septiembre, prácticamente todos los aviones del Puente Aéreo llevaban golosinas para los niños, aparte de la comida y el carbón. La operación creció aún más cuando las noticias llegaron a los Estados Unidos.

La Asociación de Fabricantes de Dulces de Estados Unidos se ofreció a donar todo tipo de golosinas y chocolates. Un ama de casa organizó a un grupo de amigas para confeccionar miles de paracaídas. Estudiantes de la Universidad de Massachussets en Chicopee, cercana a la base desde la que se suplían a las tropas norteamericanas en Alemania, se encargaron de preparar los paquetes y atarlos a los paracaídas. Uno de esos paquetes cayó en las manos de Jutta.

El hombre con el corazón de chocolate

Gail Halvorsen se convirtió pronto en una celebridad. Para los niños berlineses era más que un héroe. Ellos mismos decían que no eran tanto los dulces que recibían, que también, sino el mensaje de esperanza, de que el mundo no se había olvidado de ellos. Años después, conocí a un par de estos niños, padres de amigos míos. Cada vez que hablan de Halvorsen, les brillan los ojos (y a mí también). Uno me dijo que para él era el hombre más grande que hubiese existido.

Más de 23 toneladas de dulces y chocolates fueron soltados en más de 250,000 mini paracaídas sobre los niños de Berlín, en 10 meses. En mayo de 1949 Stalin se rindió y volvió a abrir las vías, y Berlín occidental permaneció libre. Pero el recuerdo del hombre con el corazón de chocolate permanece en la memoria de los alemanes.

gail-halvorsen-en-2006

Gail Halvorsen aún vive. Sigue siendo una celebridad en Alemania, donde hay varias escuelas y calles con su nombre. Al menos todos los alemanes de mi generación saben perfectamente quién es, y espero que los más pequeños aprendan pronto su nombre. El mundo necesita a muchos más como él, con el corazón de chocolate, en la Guerra Fría, ahora y siempre.

Jutta B.

La pequeña Jutta terminó estudiando derecho y literatura en la Universidad Libre de Berlín, y luego hizo su doctorado en San Francisco. Hizo su vida en California, y a finales del siglo pasado, fue mi última profesora de alemán en la universidad. Cada vez que contaba la historia, rompía a llorar, y nos hacía llorar a nosotros. Cada vez que nos contaba la historia de Gail Halvorsen, el hombre con el corazón de chocolate, se iniciaba la operación kleenex.

Es verdad, el mundo necesita más gente como Gail Halvorsen.

Nota: Gail Halvorsen repitió su hazaña en Bosnia, en 1994, y en Iraq en 2003. 

8 thoughts on “Gail Halvorsen: el hombre con el corazón de chocolate.

  1. Fantástica y maravillosa la historia de este hombre, ojalá hubiera muchos más como el.

    • Hola Juan José,
      muchas gracias por tus amables palabras. Es en verdad una historia tan fascinante como su protagonista; un hombre de los que hay pocos, pero que el mundo bien haría con tener más…
      Muchas gracias y un saludo!

  2. Muchas gracias Jesus por compartir estas historias.
    Te sigo con asiduidad
    Un abrazo y buena suerte con tu canal de youtube
    Beatriz

    • Hola Bea!
      qué ilusión verte por aquí! (aunque soy yo el que desaparece a veces…). Esta historia me encanta, y la verdad es que me emociona cada vez que la recuerdo. De hecho, cada vez que voy a Berlín me acuerdo de Gail y de los demás “Rosinenbomben”, y del mucho bien que hicieron. Ojalá y surgiera tanta bondad en todos los conflictos, e incluso en aquellos lugares donde no hay conflicto, pero donde los niños sufren tanto sin tener ninguna responsabilidad…
      Mil gracias por tus amables palabras y por seguirme, es un verdadero honor. Un besín y saludos a toda la familia!

    • Hola Carlos,
      ya somos dos. cada vez que me acuerdo de esta historia y de sus protagonistas, me emociono. He estado en Berlín muchas veces, y he conocido un par de los niños que recibieron dulces en aquellos días, y les brillan los ojos cada vez que hablan de Gail Halvorsen. Todo un ídolo, y no es para menos…
      Muchas gracias por comentar. Un saludo cordial.

  3. Que increíble historia! Nunca la había leido y quedé maravillado del buen corazón de algunas personas, que no aceptan que las cosas queden como estan y buscan un cambio positivo para todos. Gracias!

    • Hola Damián,
      no todo en la historia son malas noticias. incluso en graves momentos, como los meses durante y después de la Segunda Guerra Mundial, sacan a relucir lo mejor del ser humano. Gail Halvorsen, su idea, su corazón, y las miles de sonrisas que provocó, son un buen ejemplo de ello. Hay esperanza en la raza human… 😉
      Muchas gracias y un abrazo!

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