La última función de la Guillotina.

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Era una calurosa mañana de septiembre, el 22 de aquel mes de 1977 por más datos. Los trabajadores de la prisión de Baumettes, en Marsella, se afanaban bajo el bochorno para terminar de poner a punto la máquina de la muerte. Por la tarde habría una ejecución. Cuando la cabeza de Hamida Djandoubi cayera sobre la cesta, se cerraría la última función de la guillotina. Era el final de una era.

Aquella invención de la Revolución Francesa, que en realidad no fue diseñada por Monsieur Guillotine, es uno de los más tenebrosos símbolos del periodo. Sólo durante el Reinado del Terror auspiciado por Maximilien Robespierre, se calcula que hubo entre 17,000 y 40,000 víctimas. Entre ellas, claro está, Louis XVI y su panadera reina Marie Antoinette.

La justicia francesa le tomó tanto gusto a la máquina, que tardó dos siglos en deshacerse de ella.

guillotina

Una muerte más humana

Es irónico que la guillotina se hubiese inventado para mitigar el dolor de los reos. La navaja tarda medio segundo en cercenar un cuello, por lo que era mejor que los ahorcamientos y linchamientos más acostumbrados por entonces. No sé qué habrían dicho aquellos que sintieron el frío acero por una milésima de segundo. Ya es tarde.

Curioso es también que la pena de muerte por guillotina estaba limitada a los civiles, mientras que a los militares se les siguió fusilando.

El espectáculo de la guillotina

Desde que las turbas alebrestadas de París observaron correr la sangre real, los guillotinamientos se convirtieron en un espectáculo de masas. Había gente que acudía todos los días, con el bocadillo a cuestas, como si fuera una función teatral. Algunos leían poemas, contaban chistes sobre el prisionero para distraer al público entre ejecuciones.

Padres llevaban a sus niños, y luego les compraban guillotinas de juguete para que se entretuvieran. Al final, grupos de amigos se reunían para comentar la jugada en un restaurante adyacente a la Plaza de la Revolución (ahora Place de la Concorde), el “Cabaret de la Guillotine”.

La guillotina en la revolución

Pero corrió tanto la sangre que para mediados del siglo XIX la guillotina ya había perdido su atracción mórbida. Nunca faltaba algún espectador, pero ya no era un espectáculo de masas, y ya no ocurría con tanta frecuencia. Otro invento de la tecnología llevaría a las autoridades a ocultar las ejecuciones dentro de las cárceles.

Material para Facebook y YouTube

La gente comenzó a hacer fotos de las ejecuciones tan pronto como tuvo una cámara en mano. Con buscar en Google puede uno hacerse a la idea, hay bastantes. En París, hay un pequeño museo dedicado a la guillotina, y tiene cientos, si no miles de fotos más.

En 1937, el alemán Eugene Weidmann fue sentenciado a morir guillotinado por varios asesinatos. Frente a la prisión de San Pierre, se reunieron unos doscientos espectadores. Entre ellos estaba un jovencito Christopher Lee, quien luego se haría famoso representando a dos condes, Drácula y Dooku.

La gente gritaba, reía, insultaba al reo. Después de consumado el hecho mecánico, algunos empaparon sus pañuelos con la sangre en el suelo, como souvenir. Y se hicieron fotos, muchas, y alguien hizo una película.

Ejecución de Eugene Wiedmann

Ejecución de Eugene Wiedmann.

Las autoridades francesas dijeron basta. Las ejecuciones por guillotina no estaban teniendo el efecto disuasorio, y la gente se las tomaba como entretenimiento. El gobierno del Presidente Albert Lebrun decretó que, a partir de entonces, las ejecuciones no serían públicas. Continuaron en los confines de las prisiones.

El último ejecutado

En 1968, un joven argelino de 19 años, Hamida Djandoubi, emigró a Marsella. Al principio trabajó en una tienda de alimentación, y luego como jardinero. En 1971, sufrió un accidente laboral que le hizo perder el pie y parte de la pierna. Mientras convalecía en el hospital, conoció a la joven Elisabeth Bousquet, y pronto iniciaron una relación.

Las cosas no fueron muy bien para la pareja, pues a principios de 1973 ella lo denunció por intentar forzarla a prostituirse. Hamid fue detenido pero liberado en pocas semanas. Enseguida consiguió atrapar a dos jóvenes más, y las puso a trabajar para él como prostitutas. No obstante, Hamida no se olvió de Elisabeth.

El crimen

En julio de 1974, Hamida fue a buscar a Bousquets, y por la fuerza se la llevó al piso donde vivía. En presencia de sus otras dos “asociadas”, torturó a Elisabeth con un cigarrillo encendido. Le practicó quemadas en los senos y en los genitales, mientras las jóvenes miraban aterradas. 
Elisabeth, a pesar del daño, se mantuvo viva durante el episodio, así que Hamida se la llevó en su coche a un descampado cercano, y la estranguló. De vuelta en casa, amenazó de muerte a las chicas para que no dijeran nada. El 7 de julio, cuatro días después de su muerte, el cuerpo de Elisabeth fue encontrado en un cobertizo.

Hamida Djandoubi

Hamida Djandoubi.

Unos días después, otra joven acudió a la policía para acusar a Hamida de haber intentado secuestrarla. No fue sino hasta febrero de 1977 que se inició el juicio por tortura, asesinato y violación.

La última función de la guillotina

Las excusas de paroxismo no convencieron a los jueces. Que la pérdida de la pierna le hubiese trastocado la vida y trastornado la cabeza no eximían al acusado de su culpabilidad. Tampoco sirvió de nada poner la excusa del abuso del alcohol. Hamida Djandoubi fue sentenciado a muerte el 25 de febrero de 1977. Su recurso de apelación fue rechazado en junio, y la ejecución programada para finales del verano.

El 10 de septiembre por la mañana, Hamida recibió la noticia de que el Presidente Valéry Giscard d’Estaing se había negado al perdón. El verdugo Marcel Chevalier dejó caer la hoja de acero a las 4:40. En ese momento nadie lo sabía, pero fue la última ejecución por guillotina en Francia.

Adios a la guillotina

En 1981 llegó a la presidencia Francois Mitterand, y una de sus primeras medidas fue derogar la pena de muerte. Este castigo quedó, además, prohibido en la constitución. Los pelotones de fusilamiento, al igual que la guillotina, dijeron adiós para siempre. O ya veremos…

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7 thoughts on “La última función de la Guillotina.

  1. Hola Jesús,
    todas las penas de muerte son horrendas y puestos a elegir prefiero la guillotina a morir ahorcado. Imagino que para un militar es más honroso morir fusilado de un balazo que de cualquier otra forma.

    Me recordaste a otra forma de ejecución muy de moda en España (también se realizó en algún país Centro y Sudamericano, el garrote vil también llamado garrote. En España se practicaba de forma legal desde 1820 prácticamente 1978 y el último condenado a morir con él sería Salvador Puig Antich, un anarquista y antifascista español apodado “El Metge” (el médico) el 2 de marzo de 1974.

    Con tu permiso añado esta imagen de Ramón Casas i Carbó que puede encontrarse en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (1894), como mínimo… sobrecogedora.

    https://franciscojaviertostado.files.wordpress.com/2016/12/garrot_vil.jpg

    Abrazos

    • Hola Francisco,
      pues creo que estoy contigo en lo de preferir la guillotina. No ves nada, y se acaba en una fracción de segundo. Además, tienes garantizado no sufrir como en los ahorcamientos.
      Lo del garrote vil me parece también un castigo bárbaro. Y pensar que se utilizó también hasta los años 70 del siglo pasado. He leído mucho sobre Antich, un caso célebre. No sé si fue culpable o no, pero el castigo que recibió, y todos los demás durante ese periodo, me parece brutal. esperemos no volver a esos tiempos.
      Y la foto, sin palabras, como poco, espeluznante.
      Muchas gracias por tu valiosa aportación.
      Un abrazo!

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