Qué comía un legionario romano en campaña.

Decía Napoleón que un ejército marcha sobre su estómago. Al juzgar por varios ejemplos de la historia moderna, no se equivocaba.Tampoco erraría si su cita estuviese dedicada a un legionario romano, epítome de la soldadesca. Y si las legiones marchaban tan bien, seguro es porque sus buches estaban más satisfechos que yo después de una paella.

No es que los guerreros romanos tuvieran a su disposición un buffet chino antes de cada batalla, pero llama la atención que, hasta ahora, no se haya encontrado jamás ninguna queja de centurión o subordinado sobre su comida. Es realmente muy llamativo, pues es regla general que los ejércitos se quejen de la comida. Algo habrán hecho bien los intendentes, y los generales romanos.

legionarios

De marcha o de campamento

Por razones de espacio, en el título hablo de un legionario en campaña. Creo, no obstante, que debo extender el análisis de la dieta en dos ámbitos: cuando una legión permanecía acantonada en una fortaleza, o castra, y cuando marchaban de una batalla a otra. No es lo mismo el cocido de mamá que el bocata de excursión.

Me veo obligado a mencionar que la dieta de un legionario varió entre época y época. Recordemos que la Antigua Roma aguantó casi dos milenios, y que la diversas reformas de sus ejércitos afectaron no sólo a la estrategia y equipamiento. La alimentación también sufrió cambios.

Sin embargo, ya que me sería imposible revisar todas y cada una de las diferentes etapas del periodo romano, me ceñiré a los años en que Julio César se paseaba por la Galia, repartiendo mamporrazos a diestro y siniestro. En algunos casos haré otras anotaciones pertinentes.

En la Castra

Como todo en la vida de Roma, la vida en una fortaleza estaba bien organizada. Todos los campamentos se construían siguiendo un mismo patrón, uno que imitaba el terruño, con sus vías, templo, tiendas, talleres y casas para los soldados.

Castra romana

Aún cuando no luchaban a diario, los legionarios trabajaban todo el tiempo, ya fuese haciendo guardias, patrullas, reparando armas, o entrenando. Se calcula que el gasto de calorías de un legionario medio se situaba alrededor de las 4,000 calorías, casi el doble de lo que requiere en la actualidad un españolito urbano. Si había escaramuza con los galos, el gasto calórico podía ascender hasta las 6,000.

Y claro, son muchas calorías, y para reponerlas hacen falta muchos carbohidratos, proteínas y grasas.

Panis Militaris

Como en muchas otras civilizaciones, la base de la alimentación de un legionario era el pan. Los romanos lo hacían, por lo general de trigo. En emergencias, y a veces como castigo, los legionarios se tenían que conformar con cebada, tradicionalmente asignado a los esclavos.

A nadie le gusta el pan de hace tres días, por lo que había que cocerlo a diario.

panis de legionario

La legión transportaba el trigo en grano, pues la harina se echa a perder fácilmente. Cada contubernium, ocho legionarios, llevaba un molinillo para hacer su harina, y su propio pan, que cocían en los hornos del castrum. Era un pan bastante nutritivo, preparado con levadura, aceite de oliva y especias para darle sabor.

Cibus

Un legionario que se precie necesita muchas proteínas para mantenerse musculoso y resistente. La carne era su principal fuente de este tipo de proteínas, pero también disponía de pescado en salazón, o fresco si había un río o mar cercano.

A pesar de que ya se conocían métodos de conservar la carne, los legionarios la preferían fresca, y para ello cada comida del legionario romanoejército llevaba su propio ganado. Por lo general reses, pero también podían llevar ovejas, cerdos y pollos. A todo esto se le añadía el producto de la caza, jabalíes, faisanes, ciervos, conejos y hasta osos, que variaba de región en región.

Ahora bien, la ración diaria era normalmente de tocino, que comían con el pan o añadían a guisados. Estamos hablando de que una legión completa se componía por 6,000 hombres, por lo que sacrificar las terneras no era algo que se hacía todos los días.

Volviendo al pescado, aparte de las salazones y otras conservas, estaba el garum, la salsa de pescado fermentada que tanto gustaba a los romanos, civiles y militares. A nosotros puede parecernos asquerosa, pues se preparaba con trozos de pescado que se dejaban fermentar al Sol durante semanas, y voila!, pero los romanos se lo ponían a casi todo.

Fructus e legumina

Hasta que a Colón no volvió de las Américas, no había en Europa ni tomates, ni patatas, ni pimientos. Pero ojos que no ven estómago que no reclama, y los legionarios estaban más que contentos con cebollas, ajos, puerros y nabos que cultivaban en los terrenos adyacentes al campamento. También podían comprarlos de los comerciantes que por lo general acompañaban a la legión.

Había lentejas, muchas lentejas, pero los garbanzos se quedaban en casa pues tardan mucho en cocer.

No faltaba la fruta, ya fuese recogida en los alrededores del campamento, o seca. Higos, dátiles y uvas que podían almacenarse durante mucho tiempo.

Y ya que estamos con los frutos, imprescindible mencionar las aceitunas, abundantes en toda la zona del Mare Nostrum, y que comían aliñadas de diferentes maneras.

Lactis

Donde hay vacas, hay leche, y queso, y nata. Todos fuentes de proteínas y grasas, y fáciles de conservar. A los romanos se les daba bien, y se les sigue dando bien, el queso, que comían con pan y aceite. De hecho, era uno de sus desayunos (ientaculum) favoritos.

Moretum, queso con hierbs romano.

Moretum, queso con hierbas romano.

Un legionario no bebía leche todos los días, al menos no fresca, pero si disfrutaba de un buen trozo de queso. Por lo general era una versión de requesón, recién hecho, pero también llevaban grandes trozos de curados. Es posible, aunque no hay evidencia fehaciente, que en ocasiones disfrutaran de algún tipo de yogurt.

Potum

No sólo de agua vivía un legionario. Con las comidas, era normal un vasito de vino, pero no un vino cualquiera. Todos sabemos que el vino aguanta mucho tiempo, pero para ello hay que conservarlo a cierta temperatura y condiciones constantes, algo casi imposible en campaña.

Por ello, lo legionarios preparaban la fosca, una bebida de origen griego que aprovechaba vino avinagrado, y al que se le añadían hierbas o miel para mejorar su sabor. Como ya estaba avinagrado, resistía el paso del tiempo y los cambios de temperatura. Era, además, muy nutritivo, y abundante en Vitamina C, lo que protegía a los soldados del escorbuto. Es posible que fuera posca lo que los legionarios ofrecieron a Jesús en la cruz.

En el Imperio tardío se añadió vino en días alternos, pero la posca siguió siendo bebida hasta los tiempos de Bizancio.

Lo qué comía un legionario en campaña

Hasta ahora hemos hablado de la comida de un legionario en el campamento, pero cuando marchaba de un sitio a otro, la dieta era diferente.

Para empezar, el pan que se preparaba era una versión más rápida, sin levadura, y que se cocía al fuego o las brasas. Era más bien como una galleta, el bucellatum, tosca y con menos sabor, con las mismas calorías que el pan de campamento.

Legionarios comiendo

En campaña tampoco faltaba el tocino, o bacon, queso, aceitunas y posca. Dependiendo del terreno y de la presencia  no del enemigo, la dieta se suplementaba con la caza y las verduras o frutas que pudiesen recolectar.

Cada legionario se cocinaba su propia comida. Para ello llevaba siempre un espetón y una patera, una especie de sartén de bronce o cobre de fondo plano, para ponerla directamente sobre el fuego.

Conclusión

Un legionario en campaña podía marcar hasta 30 kilómetros diarios. Ya de tranquis es una buena distancia para cualquiera de nosotros. Imagínate lo que seria con 30 ó 40 kilos de equipo a la espalda. Si a eso hay que añadirle que a menudo había que repartir sopapos a los galos, dacios o germanos, hacía falta mucha energía.

La dieta del legionario era abundante y nutritiva. Basada en los cereales, nunca faltó la carne, las verduras, las frutas y los lácteos, frescos o en conserva. Y como decía al principio, no conocemos ninguna queja que hayan dejado los legionarios sobre su cibus castrensis. Ese simple hecho, es una buena razón para entender el poder de las legiones.

6 thoughts on “Qué comía un legionario romano en campaña.

  1. Estupendo artículo. En un ensayo sobre la milicia leía que 6000 calorías era el equivalente al gasto de un deportista de élite o a un soldado de élite actual. Y que antes de las batallas lo más probable es que ayunaran.

    • Hola Cristina,
      Yo soy un tío más bien vasto, y muy deportista, pero me es difícil gastar más de 3,500 calorías en un día. Imagina lo que tendría que hacer un legionario para quemar 5 ó 6,000…construcción y desmantelamiento del campamento, archa con 30 ó 40 kilos a la espalda, y si se presta, una batalla. Vamos, que era el régimen que muchos buscamos… 😛 Respecto al ayuno,he leído cosas diferentes, y más bien dependía del tipo de batalla. Cuando se esperaba que fuera corta, sí ayunaban, pues estaban más ligeros. Pero cuando era un enemigo considerable y se esperaba una batalla larga, comían algo, para luego no desmayarse en el frente. También dependería de la hora, pues había batallas que empezaban al amanecer, otras a mediodía y otras al anochecer.
      Muchas gracias por comentar. Un cordial saludo.

    • Hola Ernst,
      efectivamente, el vino con miel, por lo general tinto, se llama mulsum. Lo he probado y creo que es un gusto adquirido, no para nuestros paladares… 😛 Ahora bien, normalmente el mulsum se bebía en las cenas, y rara vez en campaña. Más práctico era el Posca, pues era vino blanco, ya avinagrado, en ocasiones con miel y otras hierbas. Lo puedes hacer en casa, y ya me dirás…
      Un abrazo y gracias!

  2. Hola, Jesús! Soy Teresa Piquet, escritora y arqueóloga. He llegado aquí por casualidad, desde Bellus Martis, donde todo lo publicado últimamente era contemporáneo. La visión de brillantes armaduras romanas me ha llamado la atención (¡mis muchachos!), y he leído tu entrada. Lo has explicado de una manera muy divulgativa y “para todos los públicos”. Felicidades. No es usual. Sólo un apunte: una buena forma de añadir carne a la dieta eran las salazones y los embutidos (ya sabes, lo que hoy conocemos como jamón, caña de lomo, chorizo, salami/salchichón, morcilla, etc.), muy populares en la cocina de la época, y, los de pequeño tamaño, fáciles de transportar en la mochila durante los desplazamientos en campaña. Con tu permiso, voy a compartirlo en mi página de Facebook. ¡Ah!, y mis personajes dan fe de lo que cuentas: la comida era fundamental, y nunca tuvieron quejas 😉

    • Hola teresa,
      Muchas gracias por tus amables palabras. Hago lo que puedo dentro de mis limitaciones, con el objetivo de llegar a todos los públicos. No soy ni historiador ni escritor profesional. He hecho mis pininos con un par de libros, pero no he logrado publicarlos. A ver si algún día… 😉 Respecto a la comida de los legionarios, es verdad, contaban con salazones tanto de carne como de pescado, tan prácticos entonces como ahora. No siempre podían contar con carne fresca, y hacían falta las proteínas.
      Te agradezco no sólo que te hayas pasado por aquí, que me dejaras un comentario, y que compartas este artículo en tu muro.
      Un besín para la bella Sevilla!

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