De cómo la guerra nos dio el primer mapa del tiempo.

En nuestra sociedad moderna, conocer el pronóstico del tiempo es una costumbre muy arraigada. A los urbanitas nos gusta saber qué nos tenemos que poner al día siguiente, o si debemos salir más temprano porque la lluvia empeorará el tráfico. La gente del campo no necesita ningún pronóstico, conoce el clima mejor que cualquier hombre del tiempo.

Aquí en España, con un clima continental, del calor al frío extremo según la estación, el tiempo tiene su propio espacio en la televisión. Es prácticamente un programa entero, con varias secciones, y por supuesto, montones de mapas.

Los hay con imágenes de satélite, con símbolos y un montón de términos creados por los meteorólogos para definir los fenómenos de la naturaleza. Y como todo en este mundo, esos mapas del tiempo tienen una historia. Una historia y un inventor, Francis Galton, el primo de Charles Darwin de quien hablamos ayer.

Primer mapa del tiempo Galton

 

La ciencia y los científicos

Para predecir el tiempo hay que entenderlo. Y para entenderlo hay que estudiar la gran variedad de factores que afectan el clima: temperatura, presión, humedad, etc., lo cual requiere una buena comprensión de geografía, física, matemáticas e historia.

No fue una cuestión de dos días. Desde la antigüedad, nuestros ancestros acumularon una gran cantidad de información que aún aprovechamos. Los ciclos de la Luna y las estaciones son un buen ejemplo de elementos que afectan los patrones climáticos, y que ya conocían los humanos hace decenas de miles de años.

Persas, egipcios, griegos, romanos y demás, ya sabían bien que los fenómenos meteorológicos como la lluvia y el cambio de temperatura, se repiten en ciclos. Dependiendo de la situación geográfica, de cada puerto o ciudad, tenían una muy buena idea del tiempo que pudiese hacer en una determinada época del año.

Pero hasta ahí llegaban, y predecir el tiempo a corto plazo, para el día siguiente o la próxima semana, era un ejercicio más complejo.

Y entonces llegó el señor Torricelli.

Ayer hablábamos de hombres renacentistas, individuos versados en varias disciplinas. Evangelista Torricelli era uno de ellos. Nacido en Roma en 1608, su humilde familia lo envió a estudiar con un tío que era monje en Faenza

Estudió el colegio con los jesuitas hasta los 18 años, especializándose en filosofía y matemáticas. En 1626 volvió a Roma con los monjes benedictinos para ampliar sus estudios. Ahí estudio con Benedetto Castelli, un matemático que había sido alumno de Galileo, y a través de quien Evangelista conoció los trabajos del científico toscano.Evangelista Torricelli

Cuando Galileo fue sentenciado a arresto domiciliario en 1633, Torricelli fue uno de los pocos invitados a visitarlo. Tan buena fue la sintonía entre los dos, que el más joven ayudó al mayor a terminar sus Diálogos. A la muerte de Galileo, el Gran Dogo ofreció su cátedra a Torricelli.

Para entonces nuestro amigo se había vuelto un experto en geometría, y publicó su Opera Geométrica en 1646. Además, durante su estancia en Roma con Castelli había participado en numerosos experimentos con agua. Por si fuera poco, había logrado un alto nivel de comprensión de la óptica, y fabricó sus propias lentes para sus propios telescopios y microscopios.

Cómo medir la presión

El 11 de junio de 1644, Torricelli escribió una carta a su amigo Michelangelo Ricci. En ella le hizo un comentario del que no conocemos los antecedentes, pero sí sus consecuencias futuras:

Vivimos sumergidos en el fondo de un océano de aire.

Torricelli tenía razón, Ese océano es la atmósfera, que está llena de aire. Nosotros vivimos en el fondo, y aunque no lo vemos, el aire está sobre nosotros. Y el aire pesa. Poco, pero cuando tenemos una columna de aire de más de cien kilómetros de alto sobre nuestros hombros, ese peso se acumula.

Torricelli sabía de lo que hablaba, y se propuso probarlo. Para ello, cogió un tubo de cristal de aproximadamente un metro, y lo selló por uno de sus extremos. Luego lo llenó de mercurio, y dándole la vuelta, con el extremo abierto hacia abajo, lo sumergió en una pila llena también de mercurio.

Barómetro de Torricelli

Barómetro de Torricelli.

Tal y como Torricelli esperaba, no todo el mercurio se salió del tubo. El peso del aire sobre  el mercurio en la pila, sostuvo al mercurio dentro del tubo, a una altura aproximada de 76 centímetros. De paso, Torricelli inventó el barómetro, instrumento que mide la presión atmosférica.

Poco después, el francés Blas Pascal comprobó que la presión atmosférica variaba de acuerdo a la altura sobre el nivel del mar. En una montaña es más baja, pues la columna de aire es menor, que a nivel del mar.

Presión, temperatura y vientos

Estos tres elementos atmosféricos están absolutamente ligados. Los dos primeros, de hecho, son la causa del tercero. Torricelli sabía que los vientos se forman cuando surgen diferencias entre la presión atmosférica y la temperatura en dos regiones vecinas.

Por ejemplo, sabemos que el aire caliente tiende a subir, y el frío a bajar. Pues bien, cuando el aire se desplaza de arriba a abajo, produce una corriente. Esa corriente es lo que llamamos viento.

Las corrientes también se producen cuando hay una variación de la presión atmosférica. Al aumentar la presión, el aire en esa zona se desplaza. Es como si apretamos con una mano gigantesca, una también inmensa tarta. El relleno y todo el pastel saldría despedido hacia los lados.

Entonces, ya a principios del siglo XIX, se conocían todos estos aspectos del tiempo, pero nadie había creado un sistema para predecirlo. Para eso tuvo que llegar una guerra.

La guerra y el tiempo

A mediados del siglo XIX, el declive del Imperio Otomano ya era notable. El Viejo Enfermo de Europa se desmoronaba, y todos querían ocupar su puesto, y sus tierras. Rusia, liderada por el Zar Nicolás I, reclamó el trato para los cristianos ortodoxos en Tierra Santa, entonces en manos otomanas.

En el otro bando estaba Francia, bajo el poder de Napoleón III, quien reclamaba a su vez mejores condiciones para los católicos. A pesar de las excusas, la realidad es que Rusia quería crecer a expensas de los turcos y los franceses querían impedirlo. Francia tenía a Gran Bretaña de su lado.

En octubre de 1853 comenzó la Guerra de Crimea, que terminó haciéndose célebre por varios aspectos. Uno fue la famosa carga de la brigada ligera, y otro el hecho de que Florence Nightingale observara el devastador efecto de la falta de higiene en los hospitales de campaña.

La Carga de la Brigada Ligera

La Carga de la Brigada Ligera.

Pero hubo otro evento que también tuvo consecuencias muy importantes para el futuro. Durante el Sitio de Sebastopol, una tormenta destruyó una flota francesa que se dirigía de Varna, Bulgaria, al Puerto de Balaclava, en la Crimea. Nada nuevo ni llamativo para el público.

Pero un científico pensó de otra manera. El matemático francés Urbain Jean Joseph Le Verrier, que había sugerido la existencia de Neptuno sólo usando las matemáticas, escribió una carta a un amigo.

La idea y el creador del mapa del tiempo

En la misiva le dijo que, conociendo los patrones del clima, podría haberse predecido el camino que tomaría la tormenta. Así, la flota podría haber evitado el mal tiempo, y llegar a puerto sana y salva. LeVerrier estaba ocupado con otros menesteres y ahí dejó la cosa.

Primer mapa del tiempoEl trabajo de LeVerrier llegó a los oídos de nuestro amigo Francis Galton, el primo de Darwin experto en muchas materias. Con la ayuda de los estudios de meteorología de Robert Fitzroy, capitán del Beagle en el que Charles había viajado por el mundo, Galton se propuso crear un mapa del tiempo.

Recopilando información de varias estaciones meteorológicas de las Islas Británicas, Galton, también geógrafo, dibujó un mapa, e incluyó una serie de símbolos. Flechas para indicar movimientos de los vientos, banderitas para marcar las diferentes presiones atmosférica y palabras como “Clear” (despejado), “overcast” (nublado) y “fine” (agradable, bueno). .

Era un mapa no muy diferente a los que vemos en los noticieros de la actualidad. Sin embargo, la idea de predecir el tiempo aún estaba en pañales, y tardaría varios años en llegar al ciudadano de a pie.

Finalmente, el 1 de abril de 1873, Galton consiguió que el periódico The Times publicara uno de sus mapas del tiempo, el que correspondía al clima del día anterior. El resto es historia.

Siempre el gran experto en estadística y recopilación de datos, los esfuerzos de Galton fueron clave para la creación de una oficina meteorológica en Gran Bretaña. El resto de países no tardaría en seguirle.

Y así fue como el trabajo de muchos científicos, y la inevitable tragedia de una guerra, ayudaron al nacimiento de los mapas del tiempo. A mí ya me sucede desde hace algún tiempo, y sospecho que tú también, esta noche cuando veas el tiempo para mañana y el resto de la semana, te fijaras mejor en los símbolos, y te acordarás de Evangelista Torricelli, y de Francis Galton, el primo de Darwin.

8 thoughts on “De cómo la guerra nos dio el primer mapa del tiempo.

  1. ¡Me ha encantado! Una historia muy currada. Gracias

    • Mil gracias Marta por tus palabras tan amables. A mí me ha encantado conocer la historia de Galton, y su conexión con el crimen…la ciencia es a menudo entretenida…
      Un besín!

  2. Fe de erratas

    >”Por ejemplo, sabemos que el aire caliente tiende a subir, y el frío a bajar. Pues bien, cuando una corriente se desplaza de arriba a abajo, produce una corriente.”

    Supongo que quisiste decir que el aire al desplazarse produce una corriente.

    Gran artículo, como de costumbre.

    • Oooops, exactamente eso quise decir ! Mil gracias por llamarme la atención a mi error, y por tus amables palabras. Ahora mismo lo corrijo… Un abrazo! 😛

  3. Hola Jesús, he leído solo unos dos artículos de tu blog, comenzando con la disparatada idea terraplanista que me tiene en “shock”…revisé el historial de tus publicaciones sobre la historia y la ciencia. La constantes amabilidad de los comentaristas. Amigos aqui tienes un seguidor más. XD.

    • Hola Fernando,
      bienvenido a Ciencia Histórica. Me siento afortunado de que te hayas pasado por aquí, y que hayas leído dos artículos que te hayan gustado. Seguramente habrá alguno con menos fortuna… 😛 Te invito a que busques en el menú de la izquierda, donde puedes ver las diferentes categorías. Hay más de 650 artículos! Si no tienes tiempo, arriba hay una pestaña para ir a los “Grandes Éxitos”, una selección de los artículos más populares.
      Mil gracias nuevamente y espero verte mucho por aquí. Un cordial saludo.

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