Site “Q”. El misterio de la ciudad perdida maya.

Por buena parte de la Península de Yucatán y Centroamérica, el imponente paisaje selvático transcurre ininterrumpido. Millones de árboles se apiñan ocultando bajos sus copas una formidable gama de mamíferos, aves, reptiles e insectos. La jungla también esconde más de una ciudad perdida.

En realidad, el número de ciudades mayas perdidas en la región es desconocido, pero algunos estudiosos creen que se cuenta en decenas. La civilización maya fue la más extensa, en el tiempo y el espacio, la más compleja y sofisticada de todas las culturas precolombinas.

Por más de un milenio surgieron y desaparecieron grandes y pequeñas poblaciones. Algunas las hemos encontrado, otras no. El foliaje es tan frondoso que acceder a la zona ya es una tarea gargantúa. No se diga encontrar ruinas ocultas durante un milenio.

No obstante, hay una ciudad perdida maya especial, una cuya localización fue un misterio para arqueólogos e historiadores. La llamada “Site Q, desencadenó una búsqueda científica sin precedentes entre los colegas de Indiana Jones. Muchas fueron las candidatas, y una la ganadora.

El misterio de la ciudad perdida maya dejó de serlo.

La Corona, ciudad perdida maya

Fuente: Dailymail.

Saqueadores

La herencia cultural de todas las grandes civilizaciones ha sufrido la plaga de los saqueadores. Estos vulgares ladrones nunca dejan la oportunidad de llevarse algo (si, si, como los políticos), y les importa muy poco el daño que pueden hacer al patrimonio cultural. En Guatemala no tenían por qué ser diferente.

En 1965, apareció en el manual de subasta de una galería guatemalteca, una colección de estelas grabadas con glifos y personajes mayas. Las leyes de aquel entonces permitieron su venta, y el conjunto fue repartido por varios museos y colecciones privadas de Estados Unidos, Canadá y Europa.

La estela del jugador de pelota con el glifo de Pavo Rojo

La estela del jugador de pelota con el glifo de Pavo Rojo, en la esquina superior izquierda.

El catálogo no decía dónde se habían encontrado las piezas, algo que no pareció importarle a nadie en aquel entonces. Pero la belleza y calidad de las piezas sí despertó la curiosidad de los arqueólogos e historiadores. Querían saber dónde estaba esa ciudad perdida.

Site “Q”

Uno de los primeros en interesarse por el tema fue el entonces estudiante de la Universidad de Yale, Peter Mathews. El australiano había visto una de las estelas en el Instituto de Arte de Chicago. Mathews se preguntó ¿cuál será la ciudad de origen?.

“Cuál” en inglés es “which”, pero “which” también puede ser “qué”. Una mala traducción llevó aBuscando la ciudad perdida, Site Q Mathews a bautizar a la ciudad perdida como “Site Q”, por el “qué”. A partir de entonces, al sitio desconocido se le conoció como “Site Q”, “Lugar Q”. Y así durante tres décadas.

Mathews se dio cuenta de que el mismo tipo de grabado se repetía en una serie de estelas repartidas por todo el mundo. Él mismo compiló un catálogo y lo repartió entre sus colegas, sugiriendo que todos vendrían de la misma ciudad perdida.

Profesores y estudiantes de todo el mundo fijaron sus ojos en las estelas y sus jeroglíficos para ver si podían encontrar alguna similitud con trabajos de ruinas conocidas. Decenas de ellos viajaron a México y Guatemala, como Tadeo Joneses en búsqueda del Rey Midas.

El Pavo Rojo

Una de las claves durante la investigación fue un glifo en la estela conservada en Chicago. Esta representa a un personaje llamado Pavo Rojo. En otras estelas, se habían hallado numerosas referencias a una cabeza de serpiente, pero esta es un símbolo muy repetido en toda la cultura maya.

Pavo Rojo no lo era, sólo aparecía en ese glifo, junto a un jugador de pelota. Para los científicos, esa podría ser la clave.

La primera clave

El arqueólogo y antropólogo de la Universidad de Yale Michael Coe fue el primero en dar un indicio. También experto en jeroglíficos, Coe sugirió que, basándose en la calidad de las esculturas y el tipo de piedra, la ciudad perdida debía estar en las inmediaciones del Río Usumacinta, en la frontera de México con Guatemala.

Ian Graham, de Harvard, volvió a las ruinas de El Perú, ciudad maya que él había descubierto en la zona en 1972. Graham sugirió que las estelas provenían de El Perú, pero investigaciones posteriores demostraron lo contrario.

Calakmul

Calakmul.

Otra candidata nombrada fue Calakmul, en el estado mexicano de Campeche. Quien había descartado a El Perú como posible Site Q, Stephen Houston, junto con David Stuart de la Universidad de Vanderbilt, compararon algunos de los jeroglíficos de estelas en Calakmul con los del Site Q. Sin embargo, la calidad de las estelas del Site Q era considerablemente mayor que las de Calakmul, y esta también fue descartada.

La Corona, ¿la ciudad perdida?

Descartada Calakmul, Stuart y Houston buscaron otras opciones. Stuart era todo un experto. Hijo de un arqueólogo y una escritora, había pasado buena parte de su infancia en excavaciones mayas en México y Guatemala.

Interesado en los jeroglíficos, él mismo publicó un trabajo sobre el tema y participó en una mesa redonda en Palenque en 1978, cuando tenía 12 años. Stuart se fijó en el glifo de Pavo Rojo, lo memorizó, y concluyó que esa podía ser la clave.

Entonces Stuart e Ian Graham oyeron hablar de una zona poco explorada cerca del Rió Usumacinta. Era una región dedicada a la explotación del árbol del chicle, del lado guatemalteco de la frontera.

Por si fuera poco, los “chicleros” tenían fama de suplementar sus míseros salarios con la venta de arte maya que encontraban en ruinas ocultas. A estos ya se les habían unido bandas organizadas de saqueadores de ruinas. 

En 1997, dos de los chicleros guiaron a Stuart y Graham a los restos cubiertos de maleza de una ciudad perdida. Ahí, Stuart encontró una estela con un glifo conocido, el de Pavo Rojo.

Convencidos de que esta era el “Site Q“, Stuart y Graham bautizaron a la ciudad perdida (y encontrada) como La Corona.

Investigando la evidencia

Encontrar un glifo igual en dos estelas diferentes no es prueba fehaciente de que ambas provienen del mismo lugar. En ciencia, hacen falta más pruebas. Pero encontrar a Pavo Rojo era La estela de la Universidad de Maineun buen indicio, y más arqueólogos se dirigieron a La Corona.

Además de los arqueólogos, llegaron expertos en arte para comparar las esculturas. La mayoría de nosotros no sabría distinguir el trabajo de un escultor del de otro, y menos cuando dichos trabajos llevan ocultos mil o más años. Pero siempre hay quien sí puede.

Pero la opinión subjetiva de un experto no puede ser considerada como prueba fehaciente, hacía falta más. Una vez más, los arqueólogos recurrieron a otra rama de la ciencia muy hermanada con la historia, la geología.

Los geólogos sugirieron que, para asegurar que dos estelas pertenecen a una misma escultura, hay que probar que ambas están hechas de la misma piedra. Se tomaron muestras de piedras tanto en La Corona como en otras ruinas mayas de la región.

Resuelto el misterio de la ciudad perdida

Para resolver el misterio, había que comparar las muestras con la piedra de las estelas originales. El problema es que, ni el Instituto de Arte de Chicago ni los propietarios de otras colecciones querían dar el permiso para manipular sus valiosas estelas.

Entonces, un coleccionista privado donó uno de los trozos de la colección al Museo de la Universidad de Maine. Su director dio la aprobación para cortar un pequeño trozo. Cuando se compararon los tipos de pruebas, sólo uno coincidió con la estela, un trozo de La Corona.

Una de las estelas encontrada en La Corona

Una de las estelas encontrada en La Corona.


El misterio de la ciudad perdida se había resuelto. Aún así, las investigaciones prosiguieron. En 2005, Marcello Canuto de la Universidad de Yale, encontró otra estela en la Corona que menciona a dos gobernadores de la ciudad, también nombrados en la estelas de Site Q. Además, la piedra era de la misma cantera.

En 2012, el Proyecto Arqueológico de La Corona (PRALC), descubrió restos de la escalera de la que provienen las estelas saqueadas. Pocas dudas quedan ya de que La Corona, es la ciudad perdida maya, conocida como Site Q.