Kent State: muerte en el campus.

De pequeño, me leí la historia de la masacre de Kent State innumerables veces. Venía en la Sección de Libros del Reader’s Digest, y por eso la tenía a mí alcance. De haberlo sabido, seguramente mi madre hubiese hecho algo para evitarlo.

El tema no era para niños. Cuatro estudiantes de la Universidad de Ohio en su campus de Kent, conocida como Kent State, fueron asesinados por la Guardia Nacional de ese estado. Su crimen, protestar contra la invasión de Camboya, anunciada cuatro días antes por el Presidente Richard Nixon.

Además de los cuatro fallecidos, nueve estudiantes más resultaron heridos. Uno de ellos quedó paralítico. Herida y paralítica también quedó la relación de los jóvenes estadounidenses y su gobierno.

Durante los años 60 y 70, las protestas en contra de la guerra de Vietnam fueron muchas. Pero ninguna fue tan trágica, ninguna resumió en todos sus matices el ambiente rebelde de los “baby boomers” como Kent State.

El 4 de mayo de 1970, en el campus de la universidad, se desató el caos, después de varios días de violencia. Ningún adulto norteamericano de aquella época, olvidará lo que sucedió.

Mari Vecchio frente a Jeff Miller, Kent State 2

Mari Vecchio frente a Jeff Miller. John Filo.

Antecedentes

Richard Nixon había prometido durante su campaña electoral en el 68, que retiraría las tropas de Vietnam. No sólo no las retiró, sino que amplió el conflicto invadiendo Camboya el 19 de abril de 1970.

El objetivo era acosar al Vietcong, que incursionó en el país vecino para suministrar a sus ejércitos. De paso, se le podría confiscar material militar. Al día siguiente, Nixon hizo el anuncio en la televisión estadounidense.

Tropas del Vietcong operaban en Camboya desde 1963. Tres años después, el Príncipe Sihanouk se plegó a las presiones chinas y les permitió construir bases militares. Desde ahí, el Vietcong lanzaba ataques a Vietnam del Sur.

En 1968, Vietnam del Norte acordó no utilizar sus bases en Camboya con la promesa de que Estados Unidos abandonara el bombardeo de Hanoi. No obstante, el Vietcong no mantuvo su promesa, y Nixon se sintió traicionado.

Durante 1969, la Fuerza Aérea yanqui bombardeó las bases norvietnamitas en Camboya, pero no fue suficiente. Por ello la incursión de abril de 1970.

Ambiente caldeado en Kent State

El ambiente anti bélico ya estaba cargado en el gigante norteamericano. La fotografía de una niña corriendo desnuda después de que su casa fuese bombardeada provocó un vuelco en la opinión pública. Esa no era la guerra que los estadounidenses habían apoyado al principio.

Como era de esperar, las universidades se convirtieron en un foco de oposición a la guerra. Kent State no sería ni la regla ni la excepción. La protestas en este campus, de hecho, habían comenzado en 1966.

Protesta en Kent State

Si un grupo se había notado por su radicalismo, era el SDS. Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS por sus siglas en inglés), era un grupo de extrema izquierda que se describía a sí mismo como un “Movimiento Revolucionario Juvenil”.

Su activismo no se limitaba al ámbito universitario. SDS organizaba demostraciones ante todo tipo de instituciones, empresas, comercios, la policía y contra el mismo gobierno. SIn embargo, lo que a principios de los años 60 era un movimiento de protesta, pasó a la acción.

Precisamente en Kent State, el SDS tuvo uno de sus centros más activos. Fueron miembros del SDS, junto con otros estudiantes, los que organizaron las protestas a principios de mayo de 1970.

El pueblo de Kent y Kent State

Un pueblo de 30,000 habitantes en los que la mayoría son estudiantes, Kent recibió con buen gusto la apertura del campus en 1910. Durante prácticamente todo ese periodo, la convivencia entre los jóvenes y los mayores había sido más que buena.

Todo cambió a mediados de los años 60, y no necesariamente por la guerra. El “Baby Boom” era la generación más grande de la historia. Los primeros baby boomers, nacidos a finales de la década de los 40, comenzaron a llenar las universidades a partir de 1964.

Kent State, como cualquier otro campus, tuvo que expandir sus instalaciones para dar cabida al gran flujo de estudiantes. Lo mismo sucedió en el pueblo, donde la universidad se estaba convirtiendo en el mayor empleador.

En una región más bien conservadora, el activismo radical de algunos estudiantes no fue bien recibido. La rebeldía innata de aquella generación, chocó radicalmente con una ciudadanía acostumbrada a vivir en paz.

Llega el “draft”

El 1 de diciembre de 1969, el gobierno de Estados Unidos llevó a cabo su primera leva (reclutamiento) desde la Segunda Guerra Mundial. A través de una lotería, miles de jóvenes fueron llamados a filas.

La Guerra de Vietnam aún tenía el apoyo de la mayoría de la población. La leva dio un vuelco a dicho apoyo, especialmente entre los jóvenes que ahora se veían con posibilidades de ser llamados a filas.

Mientras mataran a otros, pocos protestaron. Cuando me tocó a mí, ya no me gustó el sistema. Fue en esos días, y no antes, cuando comenzó el verdadero movimiento anti-Vietnam. La radicalización de los estudiantes se incrementó, y el caldo de cultivo para una tragedia se cocinó a fuego intenso.

1 de mayo

Unos 500 estudiantes, en un campus de 20,000, se manifestaron alrededor de las 11:00 en el “Commons”. Era un prado con una pequeña colina frente al edificio Tyler Hall. A las 13:00, los estudiantes se dispersaron, pero convocaron otra manifestación para el 4 de mayo.

Todo el mundo se fue a sus casas sin ninguna preocupación. Por la noche, no obstante, la alegría en los bares se tornó en violencia. Decenas de estudiantes atacaron comercios, rompiendo ventanas e incendiando mobiliario urbano.

Protestas en Kent State

Cuando la policía se presentó, recibieron a los agentes con una lluvia de proyectiles, botellas y piedras. También insultaron a los agentes. La situación empeoró cuando el alcalde, LeRoy Satron, ordenó que cerraran los bares.

Más estudiantes se unieron a la batalla campal, y la policía tuvo que utilizar gases lacrimógenos para empujarlos poco a poco hacia los extremos de la ciudad.

2 de mayo

Kent amaneció con miedo. Los rescoldos de los fuegos aún humeaban, y las calles estaban llenas de cristales rotos. Muchos comerciantes no se atrevieron a abrir sus negocios, pues habían recibido amenazas de quemar sus locales si no colgaban una manta anti-Vietnam.

Satron se reunió con sus concejales y ante la posibilidad de que la policía local no fuese capaz de lidiar con la situación, decidió llamar a la Guardia Nacional. Este cuerpo de jóvenes voluntarios, no llegó al pueblo hasta las 22:00.

Para entonces, habían llegado noticias de que un grupo de estudiantes se había reunido en el campus de Kent State, alrededor del edificio de la R.O.T.C. Esta organización, Reserve Officers Training Corps (Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva), se encarga de preparar a alumnos universitarios que estén pensando en unirse a las Fuerzas Armadas.

Con locales en buena parte de la universidades estadounidenses, la R.O.T.C. ofrece entrenamiento básico y para oficiales, y actúa como cualquier otro programa académico. Aproximadamente un 30% de los oficiales profesionales salieron de algún programa de la R.O.T.C.

El incendio

Como organización militar, la R.O.T.C. era un blanco obvio para los manifestantes antibelicistas. Ya el sábado por la mañana, se corrieron rumores de que su sede en el campus de Kent State sería incendiada.

Cuando la Guardia Nacional se presentó, el edificio ya estaba en llamas. Los bomberos y policías que acudieron al siniestros, fueron recibidos a golpes y con botellas por los estudiantes. La Guardia Nacional tuvo que esforzarse para expulsarlos de la zona, y rodear el edificio.

Los restos del edificio del R.O.T.C., custodiados.

Los restos del edificio del R.O.T.C., custodiados.

Sin embargo, los bomberos ya no pudieron hacer nada por el local. Aparte de los golpes recibidos por los agentes de la ley, nadie resultó herido.

3 de mayo

La calma que precede a la tormenta dominó buena parte del domingo. No obstante, el Gobernador de Ohio, Jim Rhodes, se encargó de avivar la llama. La mañana del domingo viajó a Kent, y ofreció una conferencia de prensa.

En su discurso, dijo que los activistas eran revolucionarios que querían destruir el sistema educativo en el estado. Los acusó de quemar y destruir propiedad pública, y de lanzar piedras a la policía. También dijo que estaban aterrorizando a los ciudadanos de bien.

Además, comparó a los manifestantes con los camisas pardas de los nazis. “Son la peor clase de gente que albergamos en América… son el grupo revolucionario mejor entrenado, el más fuerte y militante que jamás se haya formado en América”.  

Mientras hablaba, golpeó con el puño la mesa varias veces, y amenazó con declarar el estado de emergencia que prohibiría cualquier demostración. Dicha competencia no le correspondía, y se quedó en amenaza, pues ni siquiera envió la petición al estado.

Por la tarde, el alcalde Satrom ordenó el toque de queda, que obligaba a todos los jóvenes a quedarse en casa. No obstante, en el campus de Kent State, se reunió un numeroso grupo de estudiantes alrededor de las 20:00 horas. La Guardia Nacional los dispersó con gases.

4 de mayo

El lunes, la protesta programada tres días antes seguía en pie. Sin embargo, las autoridades de la universidad avisaron que estaba prohibida. Repartieron 12,000 volantes en el campus indicando que no podría haber una manifestación ese día.

Lanzamiento de gases

Aún así, alrededor de 3,000 estudiantes ya se había reunido en el Commons antes de las 12:00. Un tercio de ellos, se mantuvo en el perímetro, más como observadores que como participantes activos.

En un momento dado, un estudiante tocó la campana “Victoria”, que se usaba para señalar las victorias del equipo de fútbol. Fue la señal para que algunos estudiantes comenzaran a hablar a los ahí reunidos.

En un primer momento, la Guardia Nacional se quedó observando. De los 800 soldados en el campus de Kent State, unos 100 estaban en la zona del Commons. A eso de las 11:45, el oficial Harold Rice se acercó a los estudiantes en un jeep para advertirles de que la protesta estaba prohibida, y que debían dispersarse.

Estudiantes lanzan objetos en Kent State 2

Los estudiantes lo recibieron con piedras, hiriendo a un guardia de la universidad, y Rice tuvo que retirarse. A las 12:00 hubo otro intento de la Guardia Nacional para que los estudiantes se retiraran. Nadie se movió, excepto para insultar a los soldados.

El avance

Ante la negativa de los estudiantes, la Guardia Nacional lanzó botes de gases. Debido al aire, el gas no tuvo ningún efecto. De hecho, los estudiantes recogieron los botes y los lanzaron contra los soldados, junto con piedras.

Cuando quedó claro que los estudiantes no obedecían, un grupo de 77 soldados se alistó para avanzar hacia ellos desde Blanket Hill, una pequeña colina que dominaba el campus. Iban armados con rifles M1 Garand, bayonetas y máscaras de gas.

Los guardias disparan

Conforme avanzaron, los estudiantes se retiraron unos metros, a lo largo del edificio Taylor Hall, y algunos hasta un aparcamiento poco más al norte. Los soldados, sin embargo, no siguieron directamente a los estudiantes, sino que avanzaron en línea recta.

Sin darse cuenta, el grupo de militares llegó hasta un campo de fútbol que estaba vallado en dos de sus extremos. Desde ahí observaron a los estudiantes, que se habían repartido por varias zonas. Diez minutos después, recibieron órdenes de volver al punto de partida.

Cuando esto sucedió, los estudiantes creyeron que se retiraban, y comenzaron a burlarse de los soldados, sin dejar de lanzarles objetos. Los estudiantes también avanzaron hacia las posiciones de los guardias.

Muerte en Kent State

Al volver a Blanket Hill, los soldados viraron y apuntaron sus rifles hacia la multitud amenazante. De pronto, se escucharon disparos. Aproximadamente 69 balas en 13 segundos. Al final de ese periodo, trece estudiantes yacían en el suelo.Los guardias disparan.

Zona de Kent State donde suciedió la masacre

Zona de Kent State donde sucedió la masacre.

En los próximos minutos y horas, cuatro de ellos fallecieron. Allison Krause, Jeffrey Miller, Sandra Scheuer y William Knox Schroeder. Los dos primeros participaban en la protesta; los dos últimos, pasaban por ahí cuando iban de una clase a la otra.

Otros nueve estudiantes resultaron heridos. A uno de ellos, Dean Kahler, la bala le fracturó una vértebra, dejándolo paralizado de la cintura para abajo el resto de su vida. Todos tenían menos de 25 años.

Los cuatro estudiantes muertos en Kent State

Los cuatro estudiantes muertos en Kent State .

Pero a pesar de los disparos y los heridos, muchos estudiantes rechazaron marcharse. De hecho, un grupo numeroso se volvió a reunir en el Commons, y continuó a insultando y amenazando a los soldados.

La Guardia Nacional esperó unos minutos, para ver si los estudiantes obedecían. Finalmente, un profesor, consiguió que el oficial al mando le permitiera hablar con los estudiantes para intentar convencerlos.

Glen Frank, profesor de Geología, se dirigió al grupo:

No me importa si alguna vez habéis escuchado a alguien en vuestras vidas o no. Os ruego ahora mismo. SI no os dispersáis, van a avanzar, y sólo puede resultar en una masacre. ¿Me hacéis el favor de escuchar? Por Jesucristo, no quiero ser parte de esto…”

Los estudiantes discutieron durante unos veinte minutos, hasta que decidieron marcharse. Las autoridades universitarias cerraron el campus, y el semestre se dio por terminado. 

Por supuesto, la controversia

Que hubiesen muerto cuatro estudiantes era una tragedia. Había que averiguar quién era el o los responsables. Aunque pareciera lo contrario, no estaba tan claro. De hecho, en el pueblo, la mayoría coincidió en que los estudiantes se lo merecían.

Como en otros casos similares, ambos bandos presentaron sus alegaciones, y ambos podían tener algo de razón.

Por una parte, los estudiantes se habían comportado violentamente durante todo el fin de semana. Se les había ordenado dispersarse varias veces, y no obedecieron. Insultaron y golpearon a policías, bomberos y ejército. No podían esperar que eso quedara sin castigo.

Aún así, el uso de armas de fuego fue exagerado. Muchos pensaron que no puede responderse con balas a botellas y piedras. Podían haberse utilizado otros métodos, o simplemente dejarlos que protestaran hasta que se cansaran.

Los miembros de la Guardia Nacional dijeron que habían disparado porque temían por sus vidas. Llevaban horas siendo atacados con objetos, y no llevaban escudos o equipos de protección. En las primeras investigaciones, dijeron que habían escuchado un disparo, y que por eso respondieron con sus armas.

Sin culpables en Kent State

La investigación duró años. Se acusó a ocho guardias del asesinato de los estudiantes. Se defendieron alegando defensa propia, y mostraron amplia evidencia, fotos y vídeos, de los ataques de los estudiantes.

Un primer juicio los declaró culpables, pero en la apelación fueron exonerados. Si de algo sirvió la tragedia de Kent State, fue para añadir al equipamiento de los antidisturbios, escudos y balas de goma.

Un profesor y 25 estudiantes fueron acusados del incendio del R.O.T.C. El mismo caso, mientras que en una primera instancia tres fueron declarados culpables, una corte superior indicó que no había pruebas suficientes.

Placa en Kent State

Ningún estudiante fue juzgado por desobedecer a las autoridades ni por los daños causados en la ciudad. FInalmente, al margen de los juzgados, las víctimas y sus familias aceptaron 675,000 dólares, pagados por el Estado de Ohio.

Mientras tanto…

Las imágenes de las revueltas y de la matanza dieron la vuelta al mundo. Una de esas fotos, tomada por el estudiante John Filo, ganó el Premio Pulitzer. La imagen (al principio del post) muestra a la adolescente Mari Vecchio, de 14 años (había escapado de su hogar en Florida y estaba en el campus por casualidad) , postrada sobre el cadáver de Jeff Miller, en un grito de angustia.

En el resto del país, cientos de miles de estudiantes protestaron en sus propias universidades. Más de mil de ellas tuvieron que cerrar durante semanas. En Jackson, Mississippi, dos estudiantes murieron cuando protestaban por los muertos de Kent State.

Curiosamente, y de acuerdo con una encuesta Gallup, el 58% de la población culpaba a los estudiantes, y sólo un 11% culpaba a la Guardia Nacional. Muchos de los estudiantes fueron recibidos con reprimendas cuando volvieron a sus casas.

En la actualidad la opinión pública se ha movido ligeramente al bando de los estudiantes, aunque aún son muchos los que piensan que fue culpa suya. No es de extrañar, considerando el cambio generacional.

Conclusión

No hay duda que la matanza de Kent State fue una tragedia. Tampoco la debe haber cuando consideramos que la mayoría de tragedias son el resultado de una conjunción de errores. Errores de los dos bandos.

Los estudiantes debieron haberse comportado, y los soldados no debieron haber disparado. Había otros métodos, aunque es verdad que en aquella época aún no se utilizaban. Por cierto, estos últimos, voluntarios, eran también jóvenes entre 18 y 21 años.

La tragedia de Kent State no se olvida. Es uno de los eventos que mejor describen el ambiente antibelicista de una época difícil en la historia de Estados Unidos.Cada año hay una ceremonia de homenaje a los caídos, y placas conmemorativas señalan los lugares donde cayeron.

Lo único positivo es que se aprendieron muchas lecciones, y nada parecido ha vuelto a suceder. Por la memoria de las víctimas, esperamos que siga así.

4 thoughts on “Kent State: muerte en el campus.

    • Muchas gracias José Luis,
      como dije en el artículo, la de Kent State es una historia que me impactó cuando era niño. Merecía su lugar en Ciencia Histórica, si tan sólo para recordar a las víctimas.
      Muchas gracias y un abrazo!

      • Estimado Jesús García; yo también lo leí en las Selecciones del Reader, hace muchos años. Creo como tú que fue una conjunción de errores.

        • Hola Juan Carlos,
          tengo muchos otros recuerdos de aquella revista. Ahí también leí los 900 días de Leningrado, y la Persecución y Hundimiento del Bismarck.. Eso sí, hace años que ya no la leo, en España no es tan fácil de conseguir…
          Muchas gracias y un saludo!

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