Y el oro, ¿español o americano?

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A principios del verano de 1622, partía del Puerto de Veracruz, en México, el Galeón español Nuestra Señora de Atocha, para reunirse en La Habana con una flotilla de 28 barcos que harían la travesía en convoy hacia España y así defenderse de los numerosos piratas que operaban en la zona. La gran mayoría de los buques llevaban sus bodegas colmadas de productos y tesoros provenientes de las colonias americanas. El tesoro del Nuestra Señora de Atocha por si sólo describe la grandiosidad y valor de la carga, y aún hoy es difícil de creer:

Nuestra-Señora-de-Atocha

El Galeón Nuestra Señora de Atocha. (Haz click para ampliar la imagen)

  • 125 barras de oro
  • 1038 lingotes de plata
  • 582 lingotes de cobre
  • 180.000 pesos en monedas de oro
  • 350 baúles de índigo
  • 525 pacas de tabaco
  • 1.200 libras de orfebrería en plata, casi todo en cubertería
  • 20 cañones de bronce
  • Y más carga no registrada para evitar impuestos, además de las joyas personales de los diversos dignatarios a bordo, que incluían una esmeralda de 77 quilates.

Tales eran las dimensiones de los caudales que las autoridades tardaron dos meses tan sólo en inventariar la carga del buque insignia, lo que retrasó la salida de la flota desde La Habana hasta el 4 de septiembre con rumbo a Sevilla. Pero el destino le guardaba una sorpresa a la impresionante nao y sus riquezas y, tan sólo dos días después, un huracán arrastró al Nuestra Señora de Atocha y a su galeón acompañante el Santa Margarita hacia los Cayos de Florida, hundiendo a ambos con más de 500 hombres, y pasajeros, de los cuales sólo sobrevivieron tres marinos y dos esclavos. Los intentos de rescate por parte de las autoridades españolas se fueron al trasto cuando un nuevo huracán esparció los pocos restos encontrados del Santa Margarita. Aún así, y durante los próximos diez años, los españoles fueron capaces de recuperar buena parte de la carga de este último buque, pero del Nuestra Señora de Atocha nunca más se supo nada. Al menos hasta finales del siglo XX.

Monedas de oro y plata

Monedas de oro y plata del Nuestra Señora de las Mercedes

En 1985, un equipo de cazatesoros comandado por el norteamericano Mel Fisher, encontró por fin el inmenso tesoro hundido tres siglos y medio antes. Fue el propio hijo de Fisher, Kane, el que dio la noticia, aunque unas semanas después, durante los trabajos de izado, Kane y su esposa murieron en el incendio de su barco. El valor de lo extraído hasta ahora está calculado en más de 500 millones de dólares, un 25 % del cual pertenece al estado de Florida, de acuerdo con la legislación de dicha entidad. El resto, para Fisher y sus inversores.

En todas las costas que van desde el Caribe, el Golfo de México, la costa Atlántica de Estados Unidos y hasta los alrededores del puerto de Cádiz, varios miles de barcos vieron su última luz a causa de tormentas, golpes de mar o ataques de piratas, buena parte de Mapa Caribeellos con tesoros y mercancías extraídas de las colonias americanas con destino a la capital en la Madre Patria. Recientemente, un estudio de la Real Armada Española localizó a casi 1.500 naufragios de barcos españoles desde 1767 hasta el siglo XX. Pero eso no es todo, pues aún faltan por inventariar dos archivos más. Según la Asociación por el Rescate de los Galeones Españoles, “solo en el Golfo de Cádiz habría 180 barcos cargados de tesoros valorados en unos 25.000 millones de euros”, lo cual hace muy apetecible para los cazatesoros el expolio de los pecios, como se demostró recientemente con el caso de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, encontrado y expoliado por la empresa Odyssey, aunque esta tuvo que devolver el más de medio millón de monedas de oro y plata a las autoridades españolas, después de que diversas cortes norteamericanas declararan al estado español como propietario único.

El problema es que Estados Unidos si acepta a España como propietaria, simplemente porque ninguno de los recursos en los pecios llegó a ser propiedad de ciudadanos norteamericanos. La mayor parte de los metales provenían de México, Perú y Chile, mientras que los otros productos salían del resto de colonias españolas y es fácil entender que estos países se muestren reacios a admitir la propiedad española de los tesoros. Para no enturbiar más las relaciones con Latinoamérica, el gobierno español prefiere no remover las aguas en búsqueda de sus naufragios, lo que permitiría no sólo el rescate de miles de millones de Euros, sino el de una gran cantidad de tesoros arqueológicos que ayudarían a conocer y entender nuestra historia común.

Atocha

Cruz del Tesoro del Nuestra Señora de Atocha. (Haz click para ampliar la imagen)

Como español nacido en México y a caballo entre las dos culturas, no puedo más que esperar que los gobiernos de todas las naciones involucradas lleguen a un acuerdo para recuperar tamaña riqueza material e histórica. Tanto lo material como lo cultural bien podría ser repartido entre los países en cuestión para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos y para conservar el espíritu de hermandad entre los continentes. No podemos permitir que la política impida la colaboración en el rescate de un acervo cultural de valor incalculable; no podemos ni debemos consentir que un simple desacuerdo económico deje enterrado para siempre nuestro pasado. Estoy seguro que los marineros del Nuestra Señora de Atocha estarían de acuerdo.

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