¡Insensatos terrícolas, devolvednos Plutón!

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Como representante de la fraternidad planetaria, yo, la Tierra, flanqueada por mis hermanos pequeños, Mercurio, Venus y Marte, y apoyada por los mayores, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, hago patente esta protesta contra la Unión Astronómica Internacional por haber despojado injusta e inesperadamente el título de planeta a nuestro allegado más lejano y menos comprendido, Plutón. Después de casi ocho décadas de haber formado parte integral del Sistema Solar; después de que tantas generaciones hayan aprendido su nombre junto con los nuestros y sin habernos consultado a nosotros, rocosos y gaseosos o al resto de parásitos que viven en mi superficie, un grupo de señores y señoras han decidido retirar el carnet a nuestro querido compañero y amigo. Pero antes de continuar con mi diatriba, y para los que no hayan tenido la suerte anteriormente, dejadme que os cuente pues lo sucedido.

Plutón (Dcha.) y su satélite Carón. Fotografía tomada por la sonda New Horizons

Plutón (Dcha.) y su satélite Carón. Fotografía tomada por la sonda New Horizons.

Allá por principios del siglo pasado, los hombres de los telescopios se daban de codazos para ser el descubridor del llamado Planeta X. Varios ya habían predecido su existencia debido a las perturbaciones que experimentaba Urano por causa de un objeto desconocido, al menos invisible. Entre 1909 y 1915 incluso se hicieron varias fotografías del cuerpo celeste misterioso, pero nadie supo reconocerlo. Finalmente, un joven de 23 años recién llegado al Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona, Clyde Tombaugh, anunció en marzo de 1930 haber descubierto al noveno de los planetas. Nadie puso pegas a su tamaño, nadie quiso añadir un derogativo apellido como “enano”. No, simplemente, nuestro hermano fue bautizado como Plutón, en honor al dios del inframundo, por aquello de la oscuridad y lejanía. Plutón aceptó su nombre sin rechistar.

El problema es que estos insaciables astrónomos, que no cejan en su esfuerzo por encontrar y bautizar más cuerpos celestes, se quedaron pensando que algo más había en los confines de nuestro vecindario. Dos de ellos, Frederick C. Leonard y Armin O. Leuschner, sugirieron el mismo año que Plutón sería uno de muchos objetos más en la zona En 1943, Kenneth Edgeworth fue más allá al escribir que “las regiones exteriores del Sistema Solar, más allá de las órbitas de los planetas, está ocupada por un gran número de cuerpos relativamente pequeños”. Edgeworth creía que de dicha región partían los cometas que periódicamente se aproximaban a nuestro guía, el Sol. Ocho años más tarde, el holandés Gerard Kuiper especuló sobre la existencia en la zona de un disco de material restante, pero que ya había desaparecido. El único equivocado fue Kuiper, pero la mítica y sospechada región quedó bautizada como el Cinturón de Kuiper.

El Cinturón de Kuiper.

El Cinturón de Kuiper.

Veréis terrícolas, cuando mi familia se formó hace unos cinco mil millones de años, mucho del material estelar que no fue absorbido por nosotros o que no llegó a cuajar en otro hermano, quedó a la deriva. Billones de pequeños trozos de hielo quedaron fuera de nuestras fuerzas gravitacionales, o casi, porque siempre queda algo, pero no se alejaron demasiado, probablemente pensando en que algún día lograrían formar otro planeta. No nos culpéis, pues en aquel entonces el resto de planetas estábamos demasiado ocupados con nuestra propia génesis, y si os soy sincero, apenas prestamos atención a aquel material. Tan lejos quedó, que la tenue luz que reflejaba no era fácilmente detectada desde vuestros primitivos telescopios. Era más bien un mundo oscuro.

Pasaron las décadas y las sospechas continuaban, pero nadie podía confirmarlo. Entonces, en 1986, el astrónomo David Jewitt propuso a una de sus alumnas en el MIT, Jane Luu, que buscaran sistemáticamente algún otro objeto más allá de la órbita de Plutón, porque según él, si no lo hacían ellos, nadie lo haría. Durante seis años, y ya desde el telescopio Mauna Kea, en Hawaii, la búsqueda resultó infructuosa. Finalmente, el 30 de agosto de 1992, Luu anotó en la bitácora, “Descubrimiento de objeto candidato al Cinturón de Kuiper”. Medio año después hallaba un segundo objeto. Quedaba confirmada la existencia del cinturón.

En un principio todo fue júbilo para Jewitt y Luu, y para el resto de la comunidad astronómica, incluso para nosotros que pudimos ver cómo por fin oteabais aquella zona del vecindario y descubríais a sus habitantes. Poco a poco cayeron más cuerpos, de muy diversas dimensiones, pero siempre pequeños, no más grandes que una montaña terrestre. La controversia comenzó a surgir cuando se descubrieron OCB’s (Objetos del Cinturón Kuiper)que se aproximaban en tamaño y composición a nuestro hermanito. Peor aún, el hallazgo de Eris, un OCB de mayor masa que Plutón, llevó a algunos a sugerir que este último más que un planeta bien podría caer en la categoría de OCB. En su congreso de Praga celebrado en el año 2006, la Unión Internacional de Astrónomos decidió que era adecuado, por primera vez, definir lo que era un planeta. Según ellos, para serlo, un cuerpo celeste debería cumplir las siguientes condiciones:

  1. Necesita estar en órbita alrededor del Sol.
  2. Necesita tener la suficiente fuerza de gravedad para quedar en forma esférica.
  3. Necesita haber “limpiado” los aledaños de su órbita de otros objetos.

Claramente, nuestro compañero Plutón cumple las dos primeras condiciones, pero la tercera, tenemos que admitirlo, es su asignatura pendiente. Al resto de planetas, nos parece que esta última condición fue creada arbitrariamente sólo para defenestrar al más pequeño de nuestros hermanos, y sólo por su tamaño, pues con tan pequeña masa, apenas 22 milésimas la mía, ha sido incapaz de absorber o expulsar al resto de OCB’s de los aledaños de su órbita. Para más inri, a Plutón se le ha relegado a la categoría ad hoc de “planeta enano”, lo cual nos parece un término despectivo.

Nuestra familia planetaria.

Nuestra familia planetaria.

Protestamos pues, la degradación de nuestro milenario compañero,la humillación que su nueva categoría representa y la arbitrariedad con que la nueva definición de planeta fue creada; desaprobamos que unos seres tan insignificantes como los humanos se atribuyan el derecho a catalogarnos por nuestro tamaño; condenamos a los responsables y demandamos que Plutón sea devuelto a nuestra familia planetaria. Confiamos, eso sí, que los astrónomos reconozcan su error y den marcha atrás en este planeticidio, o al menos que el resto de terrícolas hagáis la presión suficiente para que así lo hagan. ¡Devolvednos a Plutón!

 

(Agradecemos al autor de este blog nos haya cedido su espacio para publicar nuestra proclama. Aprovechamos también para dejaros algunos enlaces para apoyar nuestra petición. Muchas gracias. Gea, Gaia, Tierra, Pachamama o como me queráis llamar).

https://www.change.org/p/international-astronomical-union-declare-pluto-a-planet-plutoflyby

https://www.facebook.com/plutonplanet

http://www.ipetitions.com/petition/bring-back-pluto

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4 thoughts on “¡Insensatos terrícolas, devolvednos Plutón!

  1. Adhiero, Mamá Tierra.
    Si es pequeñito no puede limpiar.
    Lo llamaremos Plutoncito. “Enano” es políticamente incorrecto.

    • jeje, bienvenido al club, pajuerano! A ver si se nos hace un día y logramos traer de vuelta a nuestro hermano… 😛
      Un saludo y muchas gracias por comentar.

  2. Divertido por el tono, pero erróneo en el fondo. Ceres también se consideró un planeta y luego se quedó en asteroide… y hoy también es otro planeta enano 😛

    • Hola Gomiam,
      aclaro que entiendo las cuestiones técnicas, y que este artículo en realidad era una excusa para contar la breve historia de Plutón como planeta. Dicho esto, la definición de planeta que se sacaron de la manga los astrónomos en Praga, fue construida con el único propósito de quitar a Plutón de la lista, y me parece algo arbitraria. Igual podían haber puesto otra, y sumar a Ceres por ejemplo. Nunca se sabe, otra generación de astrónomos puede darle la vuelta en otro congreso…
      Muchas gracias y un saludo.

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