Históricas impulsoras de la ciencia y el conocimiento.

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Tendría que remontarme a décadas pasadas, incluso antes de que el acné hiciese sus gracias conmigo, para invocar mi primer encuentro con las Sociedades Científicas. Si mal no recuerdo fue leyendo en la Revista Mundos la historia de las expediciones antárticas del Capitán Robert Falcon Scott, de infausto destino, patrocinadas por la Royal Geographic Society y la Royal Society, que me enteré de su existencia. En los últimos años, no obstante, al acercarme a figuras históricas de la ciencia como Darwin, Lyell, Newton, Einstein et al, me he dado cuenta del enorme papel jugado por este tipo de instituciones en la promoción de la investigación científica y su divulgación, y no he podido resistirme a reconocerlas con unas líneas en este blog.

Científicos famosos

Ciencia Histórica

La RAE nos dice que la ciencia es el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales” y, siguiendo esas líneas, la ciencia es casi tan antigua como el ser humano. Aún antes de que aprendieran a escribir, algunas de las primeras culturas ya presumían de avanzados conocimientos astronómicos, por ejemplo, o botánicos, como demuestra la domesticación del maíz al sur de lo que ahora es México hace 9,000 años. Sumerios, egipcios, chinos y griegos terminaron por darle forma al estudio organizado de la naturaleza, sus elementos y sus fuerzas. Sin embargo, la investigación científica se limitó a individuos y no a colectivos, en buena parte porque eran pocos los que tenían las capacidades y los medios suficientes para dedicarse al estudio como profesión. Nombres como Tales de Mileto, Arquímedes, Aristóteles o Ptolomeo resaltan precisamente por sus logros personales, y no tanto por su pertenencia a instituciones.

Revolución

El Renacimiento volvió a poner el foco en los clásicos, en todos los campos del conocimiento,y no es de extrañar que este movimiento tuviese su origen en las acaudaladas repúblicas del norte de Italia. Tanto en las artes como en la ciencia, el mecenazgo fue crucial para que más hombres y mujeres dedicaran su tiempo a la observación, a la experimentación. Seguían siendo pocos los Da Vinci, los Mercator y los Galileo, pero su legado preparó el terreno para el gran salto que darían las ciencias en los próximos siglos, un periodo que conocemos como la Revolución Científica.

La aparición de la imprenta tuvo mucho que ver en este movimiento. Las ideas eran más fácilmente divulgadas a un mayor número de personas a través de los libros. Conceptos, hipótesis y descubrimientos viajaron por toda Europa y transformaron la manera en que la sociedad veía a la naturaleza. La publicación de Sobre las Revoluciones de las Esferas Celestiales de Copérnico tuvo un efecto estimulante en el pensamiento al demostrar que lo conocido hasta entonces, lo que dictaban las doctrinas preponderantes, podía ser incorrecto. La curiosidad despertó, y la ciencia se puso de moda.

Ilustración

El filósofo Francis Bacon recibe comúnmente el crédito por haber desarrollado el Método Científico, la sistemática observación, medida y experimentación, y la formulación, prueba y modificación de hipótesis. Bacon creía que la ciencia era el camino hacia el control de la naturaleza por parte del hombre para beneficiarse de ella, para volver al “Imperio del hombre sobre la creación”. Además, en su novela utópica La Nueva Atlantis (1627), Bacon promovió la idea de un mundo enfocado al conocimiento, a los avances de la ciencia bajo el empirismo. Más importante aún para el tema que hoy nos ocupa, Bacon inspiró la creación de instituciones científicas.

Italia a la vanguardia

La primera sociedad científica de la que tenemos registro fue fundada en Nápoles en 1560 por Giambattista della Porta. La Academia Secretorum Naturae, o de los misterios de la naturaleza, era un grupo informal de amigos que se reunía en la casa de della Porta y cada candidato debía presentar un nuevo hecho de las ciencias naturales paraAccademia dei Lincei ser admitido como uno de los otiosi (ocioso) como se denominaba a un miembro. Tristemente, el Papa Gregorio XIII cerró la sociedad por sospechar que sus actividades tenían que ver con la magia. También en Italia, otra de las pioneras fue la Accademia dei Lincei, fundada en Roma en 1603 por Federico Cesi y bautizada en honor del animal no porque sus miembros se dedicasen a su estudio, sino porque la visión aguda del felino representa el poder de observación que la ciencia demanda. A la muerte de Cesi, la Accademia desapareció, pero en el siglo XIX renació en dos instituciones que reclaman su herencia, la Accademia d’Italia y la Accademia Pontificia dei Nuovi Lincei, del siglo XIX ambas y que aún sobreviven.

Inglaterra reclama el liderato

Como sabemos, la potencia mundial decimonónica por excelencia era el Imperio Británico, casi tan grande como lo fue algún día el español. La diferencia es que los ingleses sí supieron aprovechar su dominio de los mares y las riquezas que el comercio le proveía. A mediados de la década de 1650, un grupo de médicos y “filósofos history-of-royal-societynaturalistas” comenzó a reunirse en las salas del Gresham College, una especie de centro de educación superior en Londres, para discutir temas de actualidad en las ciencias. El 28 de noviembre de 1660, el grupo decidió establecerse oficialmente como la Sociedad Londinense para el Avance del Conocimiento Natural. Tres años después recibieron el respaldo del rey Charles II, por lo que desde entonces la sociedad lleva el apelativo de “Royal”, en la actualidad simplemente conocida como la Royal Society. Ésta presume no sólo de ser una de las más antiguas sociedades ilustradas, sino que entre sus logros están algunas de las efemérides científicas más importantes de los últimos siglos. La RS publicó el Principia Mathematica de Newton y el experimento de Benjamin Franklin con la cometa que demostró la naturaleza eléctrica de los rayos; patrocinó los viajes del Capitán James Cook al Pacífico, en los que cartografió Nueva Zelanda y Australia. Entre sus miembros distinguidos pasados y presentes fulguran nombres como Newton, Darwin, Einstein, Richard Dawkins, Stephen Hawking y Tim Berners-Lee.

De manera similar, también en Londres, un grupo de amigos se reunía para cenar y hablar de ciencia, hasta que en 1830 decidieron establecerse oficialmente como la Sociedad Geográfica de Londres. La reina Victoria le concedió el título real en 1859. Entre sus fundadores figuraba el promotor de la exploración ártica, Sir John Barrow, uno de sus futuros exploradores, que pereció buscando el paso del noroeste, Sir John Franklin, y Sir Francis Beaufort, almirante de la Royal Navy a quien debemos la Escala Beaufort para medir la fuerza del viento. Pero aún más que los pioneros, los futuros exploradores de la Royal Geographical Society la llenarían de gloria y sus vitrinas de mapas y fotografías que han hecho historia. La RGS, por ejemplo, apoyó los viajes de Darwin a Sudamérica, del Dr. David Livingston a África, del Capitán Scott y de Ernest Shackleton a la Antártida, y la ascensión del Everest por Sir Edmund Hillary y el sherpa Tensing Norgay. La RGS también fue fundamental en el establecimiento de la Geografía como disciplina pedagógica e investigativa en las universidades británicas. Fue, además, la primera de las sociedades científicas en admitir mujeres entre sus miembros, en 1914.

Shackleton y Scott

Shackleton y Scott

He llegado al límite de extensión recomendado para el formato blog, por lo que tendré que continuar mañana con esta breve reseña de las sociedades científicas. Espero me disculpéis, pero creo que el tema merece algo más que una entrada. Un saludo.

Segunda Parte aquí.

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2 thoughts on “Históricas impulsoras de la ciencia y el conocimiento.

  1. Hola Jesús,
    ¡cuántos siglos han sido necesarios para que la Ciencia evolucione tal como la conocemos en nuestros días! Pero aún sorprende más el pensar lo rápido que está avanzando en este último siglo. Estoy convencido de que a pesar de todo no habremos aprendido un 1% de lo que el ser humano puede llegar a comprender.
    Un abrazo y espero la segunda parte

    • Buenos días Francisco,
      El otro día hablábamos del impresionante ritmo de adopción de internet, y creo que algo parecido sucede con la ciencia. Cada vez somos más humanos, lo que aumenta las posibilidades de que nazcan genios; cada día más y más gente tiene a su disposición más y mejores medios de estudio (internet en parte culpable), y cada día nos damos cuenta de lo importante que es la ciencia en el desarrollo de nuevas tecnologías, nuevas curas, y nuevos métodos de producción que pueden mejorar nuestras vidas.
      Las Sociedades Científicas tuvieron mucho que ver con los avances del siglo XIX y principios del XX. De hecho, en algunos campos como la geografía, la historia y las ciencias naturales, fueron el principal impulsor de la investigación y la divulgación, y eso les mereció mi atención. Aún funcionan, pero las universidades les han quitado el primer puesto. Hoy publico la segunda parte.
      Muchas gracias por tu amable comentario. Un abrazo y feliz domingo!

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