De cómo se perdió Texas por dormir la siesta.

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Hace casi dos de años escribí un par de artículos sobre cómo Estados Unidos robó a México la mitad de su territorio, que ha vuelto a levantar algo de controversia gracias a su re-publicación por mi amigo José Antonio. En uno de ellos, mencioné brevemente la Batalla de San Jacinto, pero me guardé los detalles para otra entrada. Hoy recordamos aquel evento sucedido el 21 de abril de 1836, sus protagonistas y sus consecuencias. Hasta ese momento, los ejércitos mexicanos estaban ganando la guerra a los rebeldes texanos, pero ese día cambiaron las tornas, y todo a que los soldados recibieron el permiso de su general de descansar a media tarde. Tristemente para México, se perdió un vasto territorio simplemente porque las tropas se durmieron, eso sí, con permiso de sus comandantes.

Texas en1836

Texas en1836.

Antecedentes

Desde 1820, a instancias de Stephen F. Austin, cientos de familias estadounidenses habían emigrado al estado mexicano de Texas, con un permiso del gobierno mexicano para establecerse en las zonas fronterizas. No obstante, desde un principio los inmigrantes ignoraron las cláusulas del contrato y fundaron colonias en las regiones más fértiles del estado, lejos de donde los mexicanos les habían autorizado. Además, no todos los que llegaron lo hicieron legalmente, y para 1836 la población anglófona (aproximadamente un tercio de ellos ilegales) multiplicaba por cuatro la mexicana. Austin tenía las cosas muy claras, y su intención desde un principio era reclamar la tierra invadida para los Estados Unidos, y aprovechó los problemas políticos en la Ciudad de México para lanzar su rebelión.

En 1833, Antonio López de Santa Anna (el hombre que ordenó un funeral para su pierna) fue elegido presidente con la promesa de promover la fórmula federalista que otorgaba la potestad a los estados en muchas competencias. Sin embargo, ya en el poder, Santa Anna hizo lo contrario, retirando la soberanía a los estados de Coahuila y Texas. Austin, casualmente en la ciudad de México Antonio López de Santa Annaesperando entrevistarse con Santa Anna, envió una carta a sus compinches en Texas animándolos a la rebelión por la independencia. por ello fue arrestado varios meses. Mientras tanto, Santa Anna nombró al Coronel Juan Almonte (hijo del héroe de la independencia mexicana José María Morelos y Pavón) Director de Colonización de Texas, y lo envió para calmar los ánimos, pero con la misión secreta de viajar por todo el estado para conocer a los líderes del movimiento independentista e indagar en sus posibilidades, con vistas a un posible conflicto armado.
Al mismo tiempo, Santa Anna nombró a un nuevo gobernador militar, Martín Perfecto de Cos, quien estableció su cuartel general en San Antonio. Dicho nombramiento no fue bien recibido por los texanos anglos, que pronto se rebelaron y atacaron. Cos rindió la plaza el 11 de diciembre de 1835 y con sus tropas abandonó Texas pocas semanas después. Los texanos creyeron que la guerra había terminado y que habían ganado su independencia.

El Álamo

Pero Santa Anna no estaba dispuesto a darse por vencido tan fácilmente. El 16 de febrero de 1836, Santa Anna y Almonte cruzaron el Río Grande con una fuerza de más de 6,000 hombres. Le acompañaban también los generales José de Urrea y el mismo Cos que se había retirado semanas antes de San Antonio. El ayuntamiento de Béxar fue conquistado rápidamente por los mexicanos, pero quedó en la región una fortaleza en la que se habían hecho fuerte los norteamericanos, un antiguo monasterio llamado El Álamo. Los mexicanos sitiaron el fuerte, pero al mismo tiempo persiguieron a otras guerrillas independentistas en el este del estado.

El Álamo

El Álamo.

El 2 de marzo, un grupo de 60 independentistas liderado por Sam Houston, se reunió en Nueva Washington (Washington-on-the-Brazos), y declaró unilateralmente la independencia de Texas, con David G. Burnet como presidente interino y Houston en calidad de comandante en jefe. Cuatro días más tarde llegó la noticia de que El Álamo había caído, y que Santa Anna se dirigía hacia Nueva Washington su búsqueda de los rebeldes. Houston escapó con los aproximadamente 400 hombres que formaban su milicia. En su huída se le unirían 500 más, aunque algunos sin armas.  

La Siesta de San Jacinto

Unos 20 kilómetros al este del centro de la actual ciudad de Houston, corre el Río San Jacinto en su camino desde el norte hasta su desembocadura en la no muy lejana Bahía de Galveston. El rebelde Houston y su milicia llegó ahí el 20 de abril y Santa Anna unas horas más tarde. Houston había elegido una zona que conocía muy bien, pero era totalmente ajena a los mexicanos. Era una saliente meándrica del San Jacinto, bordeada por el norte por un bosque, donde se estableció Houston, y por el sur por una ciénega. En lugar de ocupar una posición más al sur para no tener el marjal a sus espaldas, Santa Anna, en contra del consejo de su Estado mayor, levantó su campamento en el centro de la saliente, a sólo 400 metros de los rebeldes. Esa misma tarde tuvieron lugar varias escaramuzas, pero los estadounidenses prefirieron no arriesgar una batalla abierta.

Batalla de San Jacinto, Texas.

Batalla de San Jacinto, Texas

Houston contaba ya con una fuerza de unos 900 hombres, milicianos en su mayoría sin entrenamiento, pero al menos la mitad se escondía en el bosque para no revelar a los mexicanos sus verdaderas cifras. Santa Anna llegó con 700 soldados profesionales, y por la mañana llegó el general Cos con 540 hombres más, aunque estos eran jóvenes reclutas sin mucha experiencia y llevaban marchando un día entero. Ahora bien, después de ver que los rebeldes no mostraron ninguna actividad durante la mañana, Santa Anna tomó una decisión que bien pudo ser la peor de su vida, y mira que tomó muchas. A mediodía, dio permiso a los hombres de Cos para que durmieran algo, y a los suyos para que se lavaran en el río.

Houston no podía creerlo, el enemigo, con un experimentado general al frente, bajaba la guardia. A las 16:00, ordenó el disparo de la primera salva de cañón, y enseguida sus tropas se lanzaron sobre los desprevenidos mexicanos, sólo unos cientos de metros frente a ellos. Los que no estaban dormidos estaban medio desnudos, y sin Santa Anna se rinde ante Houston (William Henry Huddle).sus armas. Santa Anna y los demás oficiales intentaron reorganizar a sus tropas gritando órdenes a diestro y siniestro, sin que nadie les hiciera mucho caso. La masacre duró 20 minutos. Algunos de los que trataron de escapar por un lago hacia el este se encontraron con francotiradores rebeldes que hicieron su trabajo como si una atracción de feria se tratase. De los casi 1,300 soldados bajo el mando de Santa Anna, 650 murieron, 208 quedaron heridos y 300 fueron capturados. Las bajas rebeldes apenas llegaron a 11 muertos y 30 heridos. Santa Anna logró escapar y se escondió al lado de un pantano, pero fue capturado al día siguiente.

hecho prisionero y, bajo la presión de Houston y Austin, Santa Anna firmó el Tratado de Velasco, por el que se comprometía a retirar a todas las fuerzas mexicanas al sur del Río Grande, de facto, aunque no oficialmente, aceptando la independencia de Texas. Santa Anna también prometió, en secreto, convencer al Congreso Mexicano de aceptar dicha independencia, después de que los estadounidenses lo liberaran y lo pusieran en un barco a Veracruz.

Es curioso que el destacamento perdido por Santa Anna en la Batalla de San Jacinto no era lo último del ejército mexicano, aún quedaban más de 4,000 hombres con los generales Urrea y Filisola que sin duda hubiesen podido barrer con los independentistas, pero en el caos resultante de la derrota, y el miedo a otras rebeliones en territorios mexicanos en norteamérica, el gobierno pospuso una y otra vez la campaña para recuperar Texas, hasta que en 1843 las dos naciones firmaron un armisticio. Texas se había perdido, posiblemente para siempre, y todo por una siesta…

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2 thoughts on “De cómo se perdió Texas por dormir la siesta.

  1. Hola Jesús,
    pocas veces en la Historia se habrá perdido tanto por una siesta. Me reconozco totalmente profano en todo lo que aquí explicas y es un placer seguir tus artículos año tras año. Por cierto, las siestas son sagradas: largas, cortas, superficiales o profundas pero… ¡benditas sean!
    Abrazos

    • Buenos días Francisco,
      totalmente de acuerdo, pocas veces se perdió tanto por el sueño, aunque recuerdo una anécdota parecida en la Segunda Guerra Mundial, cuando en la madrugada del 6 de junio de 1944, al inicio del desembarco de Normandía, nadie quiso despertar al Führer por miedo a molestarlo, y se perdió mucho tiempo en reaccionar. En este caso, me alegro que así haya sido…
      Muchas gracias como siempre por tu valiosa colaboración.
      Un abrazo.

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