El ladrón de bragas de la reina.

En esta ocasión no toca desbancar un mito, sino lo contrario, confirmarlo como una historia verdadera. Hubo hace muchos años un chaval al que le gustaba entrar a palacio a curiosear, y de paso, llevarse las bragas de la reina. Ni la residencia en cuestión ni la monarca eran cualquiera, pues se trataba de la que en aquel entonces era la mujer más poderosa del mundo, la reina Victoria, y de su suntuoso Buckingham Palace. El ladrón, o “acosador”, además, no visitó las estancias reales una vez, ni dos. Según el Doctor ja Bondeson, de la Universidad de Cardiff, Edward Jones fue pillado in fraganti en tres ocasiones, aunque se cree que repitió la hazaña varias veces más.

las bragas de la Victoria

Un caso extraño, un individuo extraño.

La primera noticia que tenemos de nuestro protagonista proviene de los diarios de la época. Según Bondeson en su libro El Acosador de la Reina Victoria: el extraño caso de Boy Edward "boy" JonesJones,  pintan a Edward Jones como un joven más bien feo, “con una boca muy ancha y el ceño fruncido”. La misma fuente lo describe como una persona a la que no le gustaba bañarse, por lo que tenía un aspecto tan sucio, que la gente creía que era deshollinador de chimeneas. No se sabe qué le empujaba a introducirse en el palacio, si la curiosidad o una atracción especial por Victoria, y no se le conoció nunca ninguna relación con otra mujer, pero sí consta que siempre llevó a cabo sus correrías cuando la reina estaba en casa.

Ladrón de bragas.

Su primer asalto, o al menos el primero del que se tienen noticias, ocurrió en 1838, cuando Edward tenía 14 años. Se aprovechó de alguna puerta o ventana mal cerrada para colarse en el palacio, pero un bedel lo pilló y lo persiguió, hasta que la policía lo detuvo en una calle cercana.bragas reina Victoria Cuando lo cachearon, encontraron las bragas de la reina escondidas en sus pantalones. No es que Victoria no tuviese más calzones, seguro le sobraban, pero el hecho de que hubiese roto el protocolo causó cierta indignación en las autoridades. Aún así, y ya que robar ropa interior no era un delito (no sé si lo es ahora), Edward se libró de la cárcel. Eso sí, la policía averiguó que Jones había avisado a su jefe, en varias ocasiones, que tenía pensado entrar en Buckingham, aunque no había dicho nada de robar ropa interior.

Dos años después, el 30 de noviembre de 1840, el ladrón de bragas volvió a entrar en el palacio, saltando un muro, y logró salir sin que nadie lo viese. Al día siguiente, poco después de media noche, una enfermera lo encontró debajo del sofá en el vestidor de la reina, y fue arrestado nuevamente. A pesar de que su abogado clamó demencia, Edward fue sentenciado a pasar tres meses en un correccional, pero no sirvió de mucho. El 15 de marzo de 1841, sólo días después de ser liberado, a Jones le volvieron a pillar en las dependencias de la reina. Esta vez, el castigo fueron tres meses de trabajos forzados. No hubo perdón para el ladrón, y sí muchos más guardias en el palacio.

Cómo mantenerse alejado de las bragas.

Para entonces las autoridades estaban realmente preocupadas por lo que pudiese pasar. Creían que el niño ladrón no tenía malas intenciones, pero a la vez lo veían como un individuo algo El ladrón de bragas pilladoinestable (y ojo, que admito que no todos los coleccionistas de bragas ajenas sean inestables, pero…). Más que encarcelarlo, prefirieron buscarle una ocupación que lo mantuviese alejado de Londres, y terminaron reclutándolo para la marina. Durantes unos meses navegó por el mundo, pero antes de un lustro había vuelto y fue capturado nuevamente en los alrededores del palacio, y de las bragas. Aquella vez lo pusieron en un barco camino a Australia, y llegó, pero pocos años después estaba de vuelta en Inglaterra, no por mucho tiempo, pues la policía le seguía de cerca.

No sin mis bragas.

Fue un hermano quien finalmente lo convenció de que abandonase Gran Bretaña para siempre, y Edward retornó a las antípodas por última vez. Ahí, intentó rehacer su vida como pregonero de la ciudad de Perth, pero para entonces era un personaje bien conocido por lo de las bragas, y nunca pudo quitarse la mala fama, ni evitar las burlas, a pesar de cambiarse de nombre. Edward Jones, el ladrón de bragas de la reina, murió en 1893 cuando cayó de un muro, aparentemente bebido. Fue enterrado en una tumba sin marcar, aunque hay una placa en su honor en el preciso lugar de su muerte.

Nunca se conocieron las intenciones de Jones al entrar en el palacio. A nadie se lo confesó, ni siquiera en sus muchas borracheras en la última etapa de su vida. Como ladrón o como acosador, no pasó de nivel amateur, y por ello nunca dio mucho miedo. Como personaje, cautivó a la prensa británica, entonces como ahora, campeona del sensacionalismo, y con su fama de ladrón de bragas, Edward Jones pasó a la historia.

Bonus: esto de las bragas de la reina parece no tener fin. Se da la curiosidad que, incluso en vida de la monarca, era costumbre regalar a los trabajadores del palacio las prendas que ella ya no usaba. Cuando murió, el resto fue repartido entre sus asistentas. No es de extrañar entonces, que cada pocos años, alguna casa de subastas saque a la venta un grupo de bragas (realmente grandes, como podéis ver en las fotos) y otros ropajes de Victoria y su familia. Un buen negocio, por lo visto, del que Jones no pudo aprovecharse.

live free

6 thoughts on “El ladrón de bragas de la reina.

  1. Interesante articulo, si hubiera vivido en tiempos actuales, podría haber comprado todas las que hubiera querido. Saludos

    • Hola Carlos,
      muchas gracias por tus amables palabras. Si el pobre Edward hubiese vivido ahora, saldría en las revistas del corazón, y le entrevistarían para preguntarle de qué color son las bragas de la reina… 😛 Y sí, podría comprarlas sin problema…
      Muchas gracias nuevamente y un saludo.

  2. Hola Jesús,
    me he quedado de piedra. Menos mal para la reina de las buenas intenciones del muchacho, porque si no, otro gallo cantaría… Creo que más que enviarlo reclutado por la Marina deberían haberle contratado como espía, le hubieran sacado más rendimiento al crío (hubiera sido un buen agente secreto 007)
    Abrazos

    • Hola Francisco,
      por lo visto Edward sufría de algún trastorno psicológico, que es de lo que tenían miedo las autoridades. Pero sí, gracias a Dios era inofensivo y no pasó nada, que seguro al pobre le hubiese caído un castigo muy duro. En lo que no había pensado es en lo que sugieres, una magnífica idea hubiese sido reclutarlo para el M16, lo que no habría averiguado! 😉
      Muchas gracias por comentar. Un abrazo.

Comments are closed.