La Gran Victoria Griega.

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Os podrá llamar la atención de que haya elegido el singular para hablar de una victoria griega. La razón es que, en mi opinión, esta victoria fue una de las pocas logradas por las ciudades-estados griegas, unidas. Lo normal era que se pelearan unas contra otras. Pero en en la Batalla de Salamina, los aliados helenos vencieron a la marina persa, poco después de la derrota en las Termópilas. No fue una victoria fácil, pues los griegos estaban en inferioridad numérica, pero la valía de sus líderes, y el hecho de que jugaban en casa, fueron decisivas.

Trirreme

Antecedentes

Hace unas semanas hablamos de la célebre Batalla de las Termópilas. En ella, un grupo reducido de aliados griegos, liderados por los espartanos, logró frenar temporalmente el avance persa. Como fue, el sacrificio de Leónidas y sus hoplitas no fue en vano, y sirvió de revulsivo al resto de griegos. Además, la batalla en el estrecho no fue la única. Al mismo tiempo, se desarrolló otra de naturaleza naval, y no muy lejos, de la que poco se habla.

La ofensiva persa se esperaba desde hacía tiempo. Ya Darío había intentado conquistar a sus vecinos, y había sido derrotado en la Batalla de Maratón. Su hijo, Jerjes, decidió a principios del siglo V a. de C. volver a intentarlo. Los atenienses no se quedaron con los brazos cruzados y, a instancias del general temístocles, construyeron una poderosa armada de trirremes. El problema es que Atenas no tenía suficientes hombres para equipar sus barcos, y a la vez pelear en tierra. Fue por ello que se formó la alianza con el resto de vecinos, algunos de los cuales estaban en guerra entre ellos.

Batalla de Artemisio. Agosto del 480.

Durante los mismos tres días que Leónidas aguantó en las Termópilas, Temístocles y su armada se enfrentaron a la flota persa. Era un combate desigual, pues los barcos de Jerjes sumaban aproximadamente 1200, mientras que los griegos eran Temístocles271. Por ello, el general ateniense prefirió no atacar directamente, sino esperar la ofensiva, y dilatar la victoria griega.

Jerjes por fin atacó, pero tuvo la mala suerte de que una tormenta destruyera un tercio de sus barcos. Aún así, eran 800 contra menos de 300. Temístocles jugó al gato y al ratón, permitiendo sólo algunas escaramuzas entre sus barcos y el enemigo. Ambas fuerzas sufrieron bajas, pero los griegos no podían permitirse muchas. Finalmente, cuando llegaron las noticias de la derrota de Leónidas, Temístocles decidió retirarse a un lugar más seguro, la Isla de Salamina.

Preparando la trampa

Después de las Termópilas, mientras Temístocles evacuaba su flota, los persas invadieron Beocia y el Ática, conquistando una Atenas desierta. Jerjes sabía que aún no se había enfrentado al grueso de las fuerzas griegas, y buscaba su derrota decisiva. No obstante, los griegos se habían hecho fuertes en el Estrecho de Corinto, destruyendo el único camino y construyendo un muro. Si Jerjes quería conquistar el Peloponeso, debía utilizar sus barcos para transportar sus tropas. Para ello tenía que acabar antes con la flota helena, refugiada en Salamina,

Mapa del estrecho de Salamina.

Mapa del estrecho de Salamina.. (Haz click para ver mejor).

La Isla de Salamina se encuentra tan sólo a unos kilómetros al oeste de Atenas, y forma un pequeño golfo casi completamente cerrado. Jerjes pensó que la flota griega, refugiada en el golfo, estaba atrapada, pero no contó con que los locales conocían mejor el terreno. Al mismo tiempo que los persas preparaban la ofensiva final, Temístocles convencía a sus aliados de presentar batalla. Ahora bien, Temístocles era un general muy astuto, y decidió jugarle una treta al emperador persa.

Sabiendo que Jerjes confiaba en demasía en su superioridad numérica, Temístocles envió a un sirviente con un mensaje. En él, Temístocles le informaba que los griegos no dejaban de discutir entre ellos y que sabía que serían derrotados, y que estaba dispuesto a cambiar de bando. Como muestra de sus intenciones, le informó que los griegos pensaban evacuar el golfo, y que para evitarlo, los persas debían tapar los estrechos. Jerjes se creyó el mensaje, y envió a sus barcos a patrullar las salidas. Como en un principio no vio ningún movimiento, durante la noche retiró a la flota unos kilómetros, esperando que los griegos salieran para acabar con ellos.

Error estratégico

Tal y como aconsejó la reina Artemisa a su aliado Jerjes, no era necesario presentar batalla en Salamina. Artemisa creía que los persas tenían suficientes barcos como para bloquear el Golfo de Salamina y, al mismo tiempo, transportar sus tropas al Peloponeso. No obstante, el divino Jerjes quería una batalla decisiva para terminar con su enemigo y poder volver a casa. Después de todo, eran 1200 barcos contra menos de 400 (ambas flotas habían sido reforzadas). Además, los marinos persas tenían mucha más experiencia que los de la recién construida flota griega. Todo parecía estar a favor de los persas, nadie creía en la victoria griega.

Victoria en Salamina.

Jerjes, sin embargo, no contó con la ventaja de los locales, que conocían mejor el terreno. La superioridad de su flota en número era una ventaja en mar abierto, donde podía desplegarla. En un espacio restringido, sin embargo, no podría utilizar dicha superioridad. Tal era la confianza de Jerjes, que aún a sabiendas decidió jugárselo todo en una batalla.

La trampa

El general Temístocles no era nominalmente el líder de la alianza griega. Ese lugar lo ocupaba el espartano Euribíades, por cuestiones políticas, pero en la realidad era el ateniense quien  mandaba. En la mañana de la batalla, a finales de septiembre del 480 a. de C. Temístocles dio  a sus tropas las instrucciones antes de embarcar. Poco después, atacaban las naves persas, observadas por Jerjes desde su trono en tierra firme. Lo que sucedió es material de leyenda.

Como ya hemos visto, las trirremes griegas estaban en minoría. Más de 3 a1. Sin embargo, el espacio donde chocaron las dos fuerzas era tan estrecho que la mayoría de naves persas no podía acceder. Aquellas que lo hicieron, más grandes y pesadas que las griegas, no pudieron maniobrar en un espacio tan reducido. Los griegos, conocedores del entorno, formaron dos filas cerrando todo el frente. En un principio, retrocedieron  ligeramente, como si fingieran una retirada. En realidad era una táctica para ocupar un mejor lugar y aprovechar el viento de la madrugada.

Salamina

Pronto dieron la vuelta y atacaron con una línea en forma de cuña, dividiendo las líneas persas en dos. Los griegos embistieron a los persas con los arietes de sus trirremes, y cuando no conseguían hundirlo, los hoplitas lo abordaban. La mejor equipación de estos últimos los ayudó a prevalecer. Muchas naves persas, confundidas o empujadas por sus vecinas, encallaron en las playas, quedando fuera de la batalla.

La Gran Victoria Griega

En un principio, Jerjes creyó que su flota llevaba la delantera. Desde su puesto no podía distinguir las banderas, y confiado como estaba en la victoria, vio lo que no había. No supo siquiera que en los primeros minutos su hermano cayó muerto. Pero pasado el tiempo, vio cómo sus barcos se retiraban en desorden, perseguidos por los griegos. Los restos de su fuerza naval se refugiaron en la Bahía de Phalerum, protegida por el ejército persa. Para finalizar, el general Arístides, desembarcó en la Isla de Psyttaleia, y masacró al contingente dejado ahí por Jerjes. La victoria fue completa.

Consecuencias

El rey de los persas volvió a Asia después de Salamina, dejando a su general Mardonius para terminar la conquista. Pero al año siguiente, en las batallas de Platea y Mícala, los griegos acabaron con el ejército y la flota persa, respectivamente. El segundo intento de los persas de conquistar Grecia había fallado, y sería el último. Durante las próximas tres décadas los griegos recuperarían varias de sus ciudades en Jonia, aprovechando la baja moral de sus enemigos. Más de un siglo después, Alejandro Magno destruiría el Imperio Persa para siempre.

Del triplete de importantes victorias griegas, Maratón, Platea y Salamina, me quedo con la última. Las tres ayudaron a detener a los persas, pero en Salamina las fuerzas estaban tan desequilibradas que la victoria sabe un poco mejor. Nunca sabremos cómo sería el mundo si Jerjes hubiera conquistado y sometido a los griegos. No puedo imaginar nuestra civilización sin Sócrates, sin Juegos Olímpicos y, peor, sin democracia.

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2 thoughts on “La Gran Victoria Griega.

  1. En vez de Sócrates y Juegos Olímpicos tendríamos unas excelentes alfombras persas ¿no? jejejeje.

    Y para lo que hacen nuestros políticos con la democracia…….en fin, que yo también agradezco aquellas victorias de las polis griegas sobre los persas en la Segunda Guerra Médica.

    Aún hubo una Tercera Guerra Médica, con la Liga de Delos y el strategos Cimón al frente. Tercera guerra y tercera derrota para los persas, en Eurimedonte (año 467 a.C.). En esta ocasión le tocó el turno al rey persa Artajerjes.

    Como es bien sabido, la estrella ateniense declinó para siempre pocas décadas después, en las Guerras del Peloponeso que libró contra Esparta entre los años 431 y 404 a.C. Y como bien apuntas, los vecinos del norte, los macedonios, acabarían definitivamente con el Imperio Persa ya en el siglo IV a.C., cuando Alejandro Magno, su caballería y sus falanges certificaron la defunción de ese imperio, en el Gránico, en Tiro y, especialmente, en Gaugamela.

    Un fuerte abrazo.

    • Hola Ernst,
      muy acertado tu recuerdo de la Tercera Guerra Médica. Persia lo intentó en tres ocasiones tres, y no pudo contra los aparentemente insignificantes y desunidos griegos. Me quedo con los JJOO, y con el aceite de oliva. Aunque también es cierto que yo sería mejor comerciante si hablase árabe… 😛
      Suelo pensar en Grecia como un país, o imperio, o lo que fuese, siempre en guerra, especialmente contra los vecinos. Que ganas macho de estar siempre matándose unos a otros! Lo pero es que no sólo eran los griegos. Eso sí, al menos nos dan temas para muchos artículos, no me apetecería escribir sobre sus métodos de tejido de cestas…
      Un abrazo, caballero.

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