Hitler, los nazis y el tabaco.

Que el tabaco es malo para la salud es algo que pocos se atreven a negar. Sería una necedad discutirlo, aunque siempre sale alguno. Poco después de que la planta Nicotiana tabacum llegara a las costas de Europa desde su nativa América, ya se sospechaba que producía ciertos daños a la salud. Los reyes Jaime I de Inglaterra, Federico II de Prusia y Carlos III de España lo prohibían en su corte. El inglés decía que era veneno puro, y lo mismo pensaba el poeta alemán Johann Wolfgang. Tampoco es que estuviesen inventando el hilo negro. Basta fumarte unos pitillos durante un tiempo para notar sus efectos en el cuerpo. Os lo digo por experiencia. Que el tabaco es malo para la salud lo sabían muchos hace mucho tiempo, incluidos Hitler y los nazis. Lo que estos sí inauguraron, fue la primera campaña anti-tabaco desde un gobierno.

Cartel nazis anti-tabaco

Cartel anti-tabaco nazi.

Hitler el abstemio

En la segunda parte de su vida, el dictador socialista austriaco fue célebre por su puritanismo y abstención. Había bebido muy poco durante su juventud, y rara vez tocaba el alcohol. Algunos lo vieron bebiendo un poco de vino blanco o algún licor, pero más que nada se mojaba los labios. También fumó, y mucho, pero lo había dejado a los 30 años, porque decía era un desperdicio de dinero. De que al führer no le gustara algo a convertirlo en política de estado no faltaba mucho.

El consumo de cigarros no había dejado de aumentar desde que, a principios del siglo XIX, e mecanizara su producción. En todo occidente había cada vez más Madre aria sin viciosfumadores, y fumadoras. A los nazis no les gustaba la idea, y no tanto porque quisieran proteger la vida de sus conciudadanos. No, lo que movía a los nazis a atacar al tabaco era que querían crear una raza perfecta. Durante sus doce años en el poder, Hitler y los nazis organizaron las primeras campañas en contra del tabaco. Peor era el caso de las mujeres, a las que no veían más que como progenitoras de bebés. Una mujer fumadora no podía traer bebés arios sanos al mundo. La ciencia los apoyaba.

Primeros estudios científicos

Como decía, los daños del tabaco eran más que sospechados. Pero hasta principios del siglo XX la ciencia aún no era capaz de encontrar evidencia causa-efecto. Al menos un estudio epidemiológico demostró en la década de 1920 que los fumadores tenían una esperanza de vida menor. Una buena señal, pero  no una prueba fehaciente. La industria del tabaco, por supuesto, hacía lo posible para que a nadie se le ocurriera buscar dichas pruebas. Todo cambio en 1933, con la llegada de Hitler y sus cómplices al poder.

En 1939, el Doctor Franz Müller publicó un estudio que demostraba la prevalencia de cáncer de pulmón en  fumadores. Era el primero en la historia en hacerlo. Pero desde hacía tiempo que se había ligado el tabaco a problemas del corazón. La guerra dio a los médicos muchas oportunidades para llevar a cabo sus investigaciones. Entre 1941 y 1943, en el frente oriental, murieron 32 soldados menores de 40 años por infarto al miocardio. Un estudio publicado en 1944 reveló que todos eran fumadores empedernidos.

Los nazis y el tabaco

El sueño del alemán perfecto estaba engranado en la filosofía nacional-socialista. Los arios eran la raza elegida, según ellos, y con la ayuda de la ciencia se podría mejorar aún más. Además, Hitler veía al tabaco como un vicio impuesto por el “judaísmo capitalista” para acabar con los arios. Ayudaba mucho que a Hitler no le gustara el tabaco (aunque sí las drogas). Si el führer hubiese sido fumador, los nazis hubiesen encontrado algo bueno en el tabaco. Como fue al revés, dedicaron esfuerzos y recursos para demonizar el hábito.  

Como buenos alemanes, los nazis fundaron una serie de organizaciones e institutos para luchar contra el tabaco. El más prominente fue el Wissenschaftliches Institut zur Erforschung der Tabakgefahren (Instituto Científico para la Investigación de los Peligros del Tabaco). Fue fundado por el Doctor Karl Astel, en 1941. También estaba la Reichsstelle für Rauschgiftbekämpfung (Oficina del Reich para la Lucha Contra los Venenos del Fumar), y la Asociación Médica Alemana. Todas ellas recibieron fondos específicos del gobierno por parte del partido nazi y del mismo Hitler.

Las campañas

En un régimen en el que la propaganda llegó a su máxima expresión, no podían faltar las campañas anti-tabaco. Se colocaron posters en las calles y en oficinas del gobierno. Se repartieron panfletos y libros que exponían los daños que produce el tabaco. No había televisión, pero en la radio se enviaba el mismo mensaje. Todas  las revistas del Reich relacionadas con la salud llevaban el mismo mensaje. Las Juventudes Hitlerianas y la Liga de las Señoritas Alemanas repartían todo tipo de publicidad anti-tabaco en escuelas y eventos para los más jóvenes. El gobierno predicaba con el ejemplo.

Campaña nazi contra el tabaco

El Partido Nazi  prohibió fumar en todas sus dependencias, luego en las oficinas del gobierno. A soldados y policías se les prohibió fumar estando en uniforme. Se prohibió el tabaco en hospitales, residencias para mayores y escuelas. A partir de 1941, también en los tranvías y en los refugios antibomba, aunque muchos de estos tenían una “sección para fumadores”. Y por supuesto, se limitó mucho la publicidad de productos de tabaco.

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En contra pero no tanto

Lo irónico de toda esta historia, en mi opinión, es que los nazis nunca llegaron a prohibir el tabaco. Algo muy raro en un estado totalitario, donde sus oligarcas podían decidir cualquier aspecto de la vida de sus súbditos. La razón, la misma por la cual los estados actuales no se atreven. Para los nazis, los impuestos provenientes del tabaco representaban un 20% del presupuesto. Nos puede parecer muchísimo, pero hay que tener dos factores en cuenta: 1.- en aquel entonces los estados no cobraban por respirar, como ahora, y, 2.- los nazis elevaron los impuesto al tabaco un 100%.

Maestros de la propaganda.

Maestros de la propaganda.

Otra ironía es que el gobierno nazi repartía cigarros en las tarjetas de racionamiento. Las únicas que no lo recibían eran mujeres entre 18 y 34 años, en edad de procrear. Pocas cosas molestaban más a un nazi que una mujer fumando, lo que no evitaba que las esposas de muchos de sus líderes fumase.

Las campañas anti-tabaco de los nazis tuvieron cierto éxito. No disminuyeron el número de fumadores, pero sí el consumo total de cigarros. Entre 1933 y 1945, a pesar del estrés de la guerra, el consumo aumentó aproximadamente un 50%, mientras que en otros países occidentales se duplicó. Al final de la guerra el consumo volvió a subir, probablemente ayudado por los muchos cigarrillos que llevaron consigo las tropas ocupantes.

Todo lo nazi es malo

Después de 1945, muchas de las ideas nazis sufrieron el escarnio de la población y el liderazgo político europeo. La disciplina, el trabajo, el amor a la patria, pasaron de ser puntos positivos de la sociedad a estar irremediablemente ligados a la ideología nazi. Todo lo que oliera a nazi era condenable. Las campañas anti-tabaco de los nazis fueron olvidadas durante muchos años. Lo mismo sucedió con los resultados de sus estudios.

Y no era para menos. Tanto el Dr. Müller como el Dr. Astel eran nazis convencidos, miembros del partido y con cargos en las SS. Sí habían puesto su nazi anti tabacociencia en contra del tabaco, no lo hicieron porque se preocupasen por la salud humana. Su única motivación era “descontaminar” la raza aria. La lucha contra el tabaquismo tuvo que esperar un par de décadas más para resurgir en occidente, pero ya sin el estigma nazi. Que aquellos racistas quisiesen crear la raza perfecta no quiere decir que no tuviesen razón respecto a los daños del tabaco. La idea era buena, pero el nacional-socialismo lo ensució todo.

6 thoughts on “Hitler, los nazis y el tabaco.

  1. Hola Jesús,
    yo no voy a ser quien niegue que el tabaco es perjudicial para la salud pero hay alguien que podría pensar lo contrario: Pablo Picasso. Su nacimiento no deja de ser sorprendente y por suerte para la humanidad y el arte de la pintura en particular, le debemos su vida al tabaco, más concretamente al humo del tabaco, me explico…Tras el complicado parto de su madre nació tan débil que la comadrona pensó que estaba muerto, lo dejó arrinconado en una mesa para poder acabar de asistir a su madre. Fue su tío, un médico llamado Don Salvador, que entró en ese momento en la estancia fumando un gran cigarrillo (en aquella época no era raro ver al doctor con un cigarro en la boca mientras atendía a sus pacientes), que al ver al recién nacido acostado, casi sin vida, tiró humo en su cara a lo que reaccionó con una “mueca y un fuelle de furia”. De una manera u otra hay mucho que agradecer al hábito tabáquico de su tío, ¿no crees?
    Abrazos

    • Hola Francisco,
      la historia de Pablo Picasso es muy interesante, y la creo cierta. Cuando era niño, recuerdo que una vez que tuve dolor de oído (por tanto nadar), y que mi tía me sopló el humo de su cigarro en la oreja. Por alguna razón me quitó el dolor, imagino que tendría más que ver con el calor que con el humo, pero me quitó el dolor. He oído también que el tabaco puede tener algunas cualidades curativas, pero no creo que sea fumándolo… y como ex-fumador, no estoy en contra de que la gente lo siga haciendo, es una decisión personal…
      Y por cierto, espero que no te pillen con un puro en plena faena paritoria… 😛
      Un abrazo!

    • Hola Planeta,
      Constantemente estoy dándole vueltas a los temas sobre los que quiero publicar. No es una tarea fácil cuando son cuatro artículos por semana, pero siempre sale algo. Una de las ventajas de Ciencia Histórica es que puedo hablar de muchos temas, como su nombre lo dice, de historia y ciencia, ambos campos muy extensos. Por cierto, estoy ensando en el tema de mañana, y no se me ocurre nada… 😛
      Un besín.

  2. No, no, solo he fumado un día en mi vida y podría decirte que fue durante un concierto de Barón Rojo, fumé un paquete enterito en solo dos horas. Fue mi primera y última vez ¡Ja, ja, ja!

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