El poli bueno, muy bueno. Buenísimo.

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Creo que todos conocemos la táctica del poli bueno y el poli malo. La hemos visto incontables veces en las series de televisión. Uno de los interrogadores, es agresivo contra el sospechoso, utilizando amenazas y torturas, físicas y psicológicas. El otro, intenta hacerse pasar por el poli bueno, con maneras amables, fingiendo casi ser amigo del preso, pero con el único objetivo de sacarle información. Si hay en la historia alguien que ha llevado el arte del poli bueno a su más alta expresión, lo encontramos en los oscuros días de la Segunda Guerra Mundial.

Hanns Joachim Gotlob Scharff, se convertiría en el interrogador más eficaz de los nazis, sin utilizar jamás la violencia. Sus métodos resultaron tan positivos que, después del conflicto, los Estados Unidos lo contrataron como asesor. Por si fuera poco, su vida daría un giro profesional en América, y más de uno se sorprenderá con lo que terminó haciendo.

Hanns Scharff, el poli bueno

Hanns Scharff.

Orígenes y el negocio

El segundo hijo de una familia prusiana, Hanns quedó huérfano de padre en la Primera Guerra Mundial. Poco antes, su familia se había mudado de su natal Rastenburg a Leipzig, donde su abuelo materno tenía una fábrica de textiles. En esa ciudad alemana, el joven recibió su instrucción secundaria, y luego tomó algunos cursos de arte. Su hermano mayor sería quien heredaría el negocio textil, pero Hanns también aprendió el oficio. Además, estudió marketing y comercio exterior.

En 1929, con 22 años, Hanns viajó a Sudáfrica como becario comercial de la firma automovilística ADLER. El contrato era por un año, pero hizo tan bien su trabajo que sus jefes lo ascendieron a Director de Operaciones Internacionales. En los diez años que pasó en Johannesburgo, Hans conoció y se casó con una joven británica, Margaret Stokes, hija de un piloto. Tendrían tres hijos.

La guerra

Scharff siempre reconoció que la política le importaba muy poco. Lo suyo era el arte, el trabajo y la familia. No obstante, el destino le jugó una mala pasada. Estando de vacaciones en Alemania en el verano de 1939, comenzó la guerra, y no pudo volver a Sudáfrica. Hanns encontró trabajo y durante un tiempo vivió tranquilo con su familia en Berlín. Finalmente,  fue reclutado por la Wehrmacht, que lo asignó a un cuerpo de infantería mecanizada. Durante dos meses se entrenó en Postdam, antes de ser asignado al Frente Oriental.

Fue su esposa quien intervino por él. Margaret logró colarse en la oficina de un general y le habló de cómo su marido era perfectamente bilingüe. Para ella, un hombre con ese talento no debía ser enviado a una muerte segura en Rusia. El general estuvo de acuerdo, y consiguió trasladar a Hanns a la Compañía XII de intérpretes, en Mainz. Después de unos meses, sin embargo, fue nuevamente trasladado, esta vez al Centro de Interrogaciones de la Luftwaffe.

De intérprete a interrogador

En Oberursel, Hanns trabajó primeramente como administrativo en un centro de recepción. Ahí llegaban los pilotos aliados (excepto los soviéticos) para ser interrogados. Posteriormente fue ascendido a asistente de interrogación de pilotos estadounidenses. A pesar de actuar sólo como intérprete, Hanns aprendió mucho sobre los métodos de interrogación, especialmente lo que no se debía hacer.

Hanns Scharff con dos de sus prisioneros VIP

Hanns Scharff con dos de sus prisioneros VIP.

En 1943, sus dos superiores fallecieron en un accidente aéreo, y Hanns fue ascendido a interrogador en jefe. Nunca recibió ninguna formación específica en las técnicas y métodos del oficio, pero eso no le impidió llegar a lo más alto.

Poli bueno

Lo primero que Hanns había aprendido fue que con la tortura rara vez se obtenían resultados. Además, la información obtenida de esta manera no era siempre fiable. Scharff leyó en uno de los manuales de la Luftwaffe que la mejor táctica era hacer creer al prisionero que estaba de su lado. Tenía que ganarse la confianza del piloto antes de sacarle ningún dato, y actuó en consecuencia.

El poli bueno, por supuesto, siempre requiere un antagonista. Hanns siempre contaba con un colega que abusaba del prisionero, para que su táctica contrastase con mayor fuerza.  No es que él pidiera que se maltratase de los pilotos, sino que alguien se encargaba de ello casi por costumbre.

Eso sí, Scharff si amenazaba sutilmente a sus prisioneros, haciéndoles saber que si no confiaban en él y le daban algo de información, serían entregados a la Gestapo y tratados como espías. Sus buenos modales y suaves maneras terminaban haciendo creer al prisionero que, en realidad, él era su mejor aliado en el campo.

Maestro manipulador

Rara vez nuestro amigo hacía preguntas directas a los presos. Más bien conseguía que estos “cantaran” de una manera sutil. Su táctica favorita era llevarlos a pasear por el bosque, después de obtener su promesa de que no intentarían escapar. Entonces Hanns entablaba la conversación con temas triviales, la familia, el trabajo antes de la guerra, y hasta bromas. El poli bueno como suele suceder, invitaba cigarrillos al interrogado, le conseguía mejor comida, y alcohol en ocasiones. Durante la conversación, el maestro manipulador llevaba al prisionero a su territorio, mencionando información ya conocida por la Luftwaffe, y esperando su confirmación.

Poco a poco, el piloto llegaba a creer que los alemanes lo sabían todo sobre él, sobre su unidad y su misión. No tardaba en soltar algún dato no conocido por Scharff. No era algo anormal. Los pilotos estaban normalmente aislados, y en esa situación casi cualquiera quiere hablar. Lo malo es que muchas veces revelaban información importante, sin saber siquiera que lo estaban haciendo. De esta manera, Hanns Scharff se convirtió en el interrogador alemán más eficaz de la guerra.

Cambio de vida

Al no haber cometido crímenes de guerra, y conocida su reputación como persona que trató bien al enemigo, Scharff no tuvo problemas para reanudar su vida en la posguerra. Luego, en 1948, fue requerido en Washington para testificar en un juicio por traición. Estando ahí, aprovechó para entablar relación con generales de la Fuerza Aérea. Les impresionó tanto, que lo llevaron al Pentágono para que diera cursos sobre sus métodos de interrogación.

Scharff con algunos generales de la USAF

Los generales y el Interrogador.

Hanns Scharff recibió al poco tiempo la ciudadanía estadounidense. Se divorció de Margaret, y decidió hacerle caso a su llamada artística. Eligió los mosaicos, y pronto estaba creando obras para residencias y edificios en los alrededores de Nueva York. Su negocio tuvo mucho éxito y a finales de los 50 se estableció en Los Ángeles. Una década más tarde, invitó a su nuera a trabajar con él. Durante mucho tiempo Hanns Scharff Designs, fue la empresa líder en la creación y construcción de murales artísticos.

Disneyworld

Hanns Scharff realizó centenas de trabajos de importancia, pero destacan varios por su fama. Entre muchos, está el mosaico en el Hall del Capitolio del Estado de California, en Sacramento; otra pieza de gran tamaño adorna la entrada del Ayuntamiento de Los Ángeles. Hay también decenas de iglesias que presumen de obras de Hanns Scharff. Pero sin duda, el más conocido es el gran mosaico que cuenta la historia de Cenicienta, en el Castillo de Disney World, en Orlando.

El mosaico de Cenicienta

El mosaico de Cenicienta de Scharff.

Hanns Scharff rehizo su vida en Estados Unidos, casándose con una norteamericana. El poli bueno de la guerra se convirtió en artista, y dejó un legado cultural tan impresionante como sus tácticas interrogatorias. Ya en el ocaso de su vida, publicó sus memorias, con un apartado dedicado a sus métodos. Dicho manual aún lo utilizan varias naciones para entrenar a sus oficiales.

Hanns Scharff, el poli bueno por excelencia, murió en 1992. Scharff and Scharff, la empresa que él creó, aún existe.

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2 thoughts on “El poli bueno, muy bueno. Buenísimo.

    • Hola Teresa de Jesús,
      precisamente el hecho de que este tipo de historias no sean conocidas, es lo que me atrae de ellas, y me empuja a publicarlas. En mi opinión, la historia no sólo son los grandes cambios. Los pequeños detalles, y sobre todo, las personas, también cuentan.
      Muchas gracias por tu amable comentario. Un cordial saludo.

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