¿Por qué hay tantos terremotos en Italia?

Amanecía apenas este pasado martes, cuando leí las primeras noticias del temblor en Italia. Desde aquel primer reporte, en el que daban una cifra de media docena de muertos, pensé en la tragedia que los terremotos causan. No por nada yo sufrí uno muy grande (Ciudad de México 1985).

A mediodía un amigo me envió un mensaje escueto: ¿Por qué tiembla tanto ahí? Es muy simple, le respondí, hay tantos terremotos en Italia por su situación geográfica. Para ser más exacto, tiembla debido a los movimientos de las placas tectónicas, y la península se encuentra en el meollo de la acción.

Lo curioso es que la semana pasada había estado refrescando la memoria sobre el tema. El sábado publiqué un artículo sobre la deriva continental, y en esos días hice también un vídeo con el mismo tema. Para más Inri, ese día se cumplía un aniversario más de la desaparición de Pompeya y Herculano bajo el Vesubio. La fecha sin duda es una coincidencia, pero las razones no.

Amatrice y los terremotos

La Tierra se mueve

Desde el nacimiento del planeta, la corteza terrestre se compone no de una capa sólida, sino de una serie de placas sobre las que “reposan” los continentes y los océanos. Son aproximadamente 60, divididas entre placas mayores, menores y microplacas. Dos de las más grandes, la placa Euroasiática y la Africana, se unen en el Mediterráneo, pero no están solas. Hay una serie de microplacas repartidas en la zona. Una de ellas es la Microplaca Adriática.

Placas tectónicas

Placas tectónicas.

Ahora bien, esas placas no están fijas, están “flotando” sobre la astenosfera, que es una capa de roca fundida entre el manto y la litosfera. A ese movimiento, al que llamamos deriva continental, se debe que en el pasado hayan existido varios supercontinentes. Conocerás entre ellos a Pangea, pero hubo otros antes,

Microplaca Adriática

Microplaca Adriática.

La causa de los terremotos en Italia, y en otras partes

El problema es que, al moverse, las placas tectónicas se encuentran unas con otras. Esos encuentros pueden ser de varios tipos, dependiendo del tipo de placa. En el caso de las placas Euroasiática y la Africana, la segunda está “empujando” a la primera, desde hace millones de años (actualmente a un ritmo de entre 5 y 7 mm por año). Es un movimiento convergente. A ese empuje se debe que hayan surgido los Alpes, los pirineos y hasta los Montes Cáucasos.

Por otra parte, la microplaca Adriática se mueve en otra dirección, está más bien como girando, y se aleja de la placa Europea ( a unos 3 mm por año). Es un movimiento divergente. Tanto el empuje como el alejamiento provocan la inestabilidad del suelo. Ambos movimientos son la causa de los terremotos, y de las erupciones volcánicas.

Amatrice y Pompeya

Como decía al principio, es una coincidencia que el terremoto de Amatrice haya ocurrido el mismo día que el Vesubio destruyó Pompeya. Al menos eso creemos. Pero ambos eventos están relacionados. La situación de la Península Itálica en una zona divergente por un lado, y convergente por el otro, crea muchísima inestabilidad, y por ende, temblores y volcanes. No es casualidad que en Italia es el único país de la Europa Continental con volcanes activos: el Etna, en Sicilia, el Stromboli, en las Islas Eolias, poco más al norte, y el Vesubio, en Nápoles.

Zona convergente

Zona convergente, zona sísmica.

No hace falta decir que las erupciones provocan muchos temblores, aunque no todos los terremotos son causados por los volcanes. Italia simplemente vive, o sobrevive, en un lugar muy inestable, y peligroso.

Porque muere tanta gente en Italia

Es normal ver que un terremoto como el de Amatrice, de alrededor de 6º en la escala de Richter, produzca en Japón o en California un puñado de muertes, si acaso. Dichas zonas se encuentran también en los límites de dos o más placas. Por otra parte, un temblor de la misma intensidad en Turquía, Irán o China, causará miles de muertes, y muchos más daños materiales. En medio está Italia, que sufre pérdidas humanas en los cientos. (L’Aquila 2008, 300 muertos; Amatrice 2016, 284).

Ruinas en L'Aquila

Ruinas en L’Aquila.

La diferencia es que en el país oriental y en el estado norteamericano los reglamentos que aplican a la construcción de edificios resistentes a los terremotos. En Italia también, dirás, y es verdad, pero nuestros vecinos no aplican dichas leyes de una manera tan estricta, por tres razones:

  1. Italia es un país eminentemente turístico, donde su arquitectura, ya sea de origen romano o renacentista, es uno de los imanes para los turistas.
  2. No hubo en Italia una ley de este tipo hasta 1971.
  3. La corrupción permite que muchos se salten estas leyes.

Arquitectura

Soy un gran admirador de Roma, tanto por su legado histórico como por sus edificios. Desde el Coliseo hasta el Panteón de Adriano, y pasando por las ruinas del Foro, Roma exuda historia. Son los restos de la más importante ciudad de la antigüedad. Luego están sus grandes catedrales y basílicas, y muchos palacios más del periodo renacentista o moderno.

El Anfiteatro Flavio

El Anfiteatro Flavio.

Dichos tesoros merecen ser preservados, por supuesto, soy el primero en defenderlos. Sin embargo, en mi opinión, se ha exagerado en algunas ocasiones, otorgando el certificado de “protegido” a inmuebles con poco valor histórico o estético. En otros casos, no son las autoridades, sino los propietarios los que rechazan derruirlos para construir edificios nuevos.

Lo mismo sucede en los pueblos. Aquellos que han tenido la suerte de visitar lugares como Lucca, Siena o Assisi, son testigos de que en estas localidades apenas y ha pasado el tiempo. Su arquitectura romántica es en la mayoría de los casos la mayor fuente de ingresos, y nadie está por la labor de renovarla.

Las leyes

México aplicó su primer reglamento sobre construcción antisísmica en 1976, comprensible en un país poco menos desarrollado que Europa o los Estados Unidos. Por otra parte, California ya tenía un código de construcción de este tipo en 1933, y Japón lo aplicó el primero en 1924. Dichas leyes han sido reformadas en varias ocasiones para adaptar los avances en la tecnología.  

Por eso llama la atención que en Italia no haya existido un código antisísmico hasta 1971. Seguramente el país tendría otras prioridades, una cuestión subjetiva. En 2008, después del terremoto de L’Aquila, se reformó (enlace en italiano) para hacer más estricta dicha ley. Por lo visto, ha servido de poco.

La corrupción

Hay políticos corruptos en todo el mundo, no cabe la menor duda. Pero no podemos negar que nuestros amigos italianos se llevan la palma, al menos por reputación. Durante los últimos 50 años, a pesar de las leyes, muchos edificios se han construido sin ninguna consideración al especial lugar que ocupa Italia en la corteza terrestre. Los alcaldes o concejales de urbanismo en muchas localidades, han hecho la vista gorda a los códigos de construcción. Todo esto, insisto, a pesar del largo historial sísmico del país. Desgraciadamente, el resultado salta a la vista.

El hospital de Amatrice, por ejemplo, recibió en 2012 una dotación de dos millones de Euros para reforzar su estructura. No obstante, los trabajos no se realizaron, y el edificio sufrió tantos daños el pasado martes que probablemente tendrá que ser abandonado.

Peor aún, la escuela. Construida en 2012, se derrumbó cuatro años después, tras un terremoto no considerado como devastador. Temblores de 6º los sufren California y Japón todas las semanas, y no pasa nada.

La escuela nueva de Amatrice

La escuela nueva de Amatrice.

Y no sólo eso, sino que la ineficiencia y corrupción de las autoridades pronto se olvidan de la emergencia. Aún no ha hecho nada, o muy poco, por las víctimas de L’Aquila. Muchas de las familias que perdieron sus hogares en 2008, aún viven en casas prefabricadas que se suponía serían temporales. El resto del pueblo sigue en ruinas.

Futuro

Es innegable que Italia seguirá sufriendo grandes terremotos en el futuro. La naturaleza no hace excepciones a un país sólo porque está lleno de edificios de mucho valor. Si Italia quiere evitar la destrucción y las pérdidas humanas, tendrá que hacer un esfuerzo para aplicar códigos de construcción más estrictos. Por supuesto, debe también aplicar mano dura contra la corrupción, en todos los aspectos de la vida, pero principalmente en este.

Esperemos que así sea, pero esperemos sentados. La historia no es motivo para ser optimistas. En estos días los políticos no se cansarán de decir lo mucho que van a apoyar a las víctimas. Sobrarán los pronunciamientos solidarios, pero está por ver que, por una vez, sirvan de algo más que de eslóganes.