El Gran Error de la Iglesia

Como cualquier otra organización compuesta por seres humanos, las iglesias meten la pata de vez en cuando. Por supuesto, sus miembros lo hacen aun más seguido. Somos imperfectos, e imperfectas son nuestras instituciones. Hoy, sin embargo, me he querido fijar en una sola instancia. Pongo el dedo en un grave error de la iglesia católica cuyas consecuencias tuvieron corto recorrido, no así su recuerdo.

El principal afectado, Galileo Galilei, se atrevió a publicar un documento que echaba por tierra uno de los principales postulados de la tradición católica. Osó enfrentarse a los sucesores de San Pedro, y lo pagó con su libertad. El castigo, no obstante, arruinó la reputación no del hombre, sino la de sus carceleros.

Galileo se enfrenta a la Inquisición

Galileo se enfrenta a la Inquisición.

Estudiante confundido, estudiante curioso

Galileo, nacido en 1564, era hijo de un músico, experto en el laúd. Desde la infancia mostró su virtuosismo, y consideró seguir la carrera de su padre. También barajó la idea de entrar en el seminario en 1580, a la edad de 16 años. Fue precisamente su padre, Vincenzo Galilei, quien le convenció de estudiar medicina en la Universidad de Pisa. Un médico ganaba mucho más dinero que un músico.

No obstante, a los pocos meses, y después de asistir por error a una clase de geometría, Galileo consiguió el permiso de Vincenzo de cambiar la medicina por las matemáticas. En el espíritu deGalileo y el error de la iglesia las universidades renacentistas, los estudiantes podían tomar cualquier clase de cursos, y Galileo aprovechó para matricularse en Filosofía Natural, la precursora de las Ciencias Naturales pero también en disegno (arte).

Poco después de completar sus estudios, obtuvo una plaza como profesor en la Accademia delle Arti de Disegno de Florencia. Pero ya por entonces su curiosidad científica se había despertado, y gracias al invento de una báscula hidrostática en 1586, obtuvo la cátedra de matemáticas en la Universidad de Pisa, donde permaneció hasta 1592. De ahí pasó a la Universidad de Padua, como profesor de geometría, mecánica y astronomía.

La Revolución Copernicana

A manos del joven profesor llegó una copia de De revolutionibus orbium coelestium, el libro en el que Nicolás Copérnico sugería que la Tierra no era el centro del universo, sino el Sol. Galileo no aceptó la teoría sin rechistar, pero sí decidió investigar. En 1608, llegó a sus oídos la noticia de un invento que estaba causando sensación en Europa, el telescopio. Curioso y manitas, Galileo pensó que podía mejorarlo, y lo hizo.

Telescopio refractor de Galileo

Telescopio refractor de Galileo.

Ahora bien, los primeros telescopios apenas y agrandaban la vista en tres magnitudes. Básicamente, ayudaba a poder verle la cara a una persona a unos 300 metros. No era más que un juguete. El telescopio de Galileo aumentaba la vista en un factor de 10. Más importante fue la dirección en que lo apuntó.

En 1610, Galileo fue el primero en apuntar su telescopio a los cielos. Su primer objetivo fue la Luna, en la que pudo apreciar cráteres, montañas y otros accidentes geológicos que nadie sabía que existían. También apuntó al Sol, aunque no directamente, sino utilizando su reflejo en papel. Galileo observó y dibujó las manchas solares, conocidas bien por los chinos. No obstante, el hecho que cambiaría su vida, fue mirar hacia Júpiter.

Un pequeño Sol

Desde sus primeras observaciones del gigante gaseoso, Galileo notó un detalle importante. Tenía unas pequeñas “estrellas” a su lado, que a los pocos días confirmó como lunas. Dichas Diagrama del movimiento de las lunas de Júpiter. Galileo Galilei.lunas, claro está, giraban alrededor de su planeta, y no alrededor de la Tierra, como suponía el sistema geocentrista aceptado en la época. Júpiter, para el astrónomo, era un pequeño Sol, con sus correspondientes planetas. Copérnico tenía razón, la Tierra no era el centro del universo.

Galileo publicó en marzo de 1610 el panfleto Sidereus Nuncius (Mensajero Estelar), En él, Galileo incluyó más de 70 ilustraciones y diagramas de lo que había observado en la Luna, el Sol, Júpiter y otros astros. La publicación despertó mucha curiosidad, y variadas reacciones, provocando un error de la iglesia.

Recepción

Fueron muchos los que elogiaron los descubrimientos de Galileo. Se publicaron alabanzas y se organizaron conferencias para aprender más sobre el tema. Pero sobre todo, la aparición de las lunas de Júpiter empujó a otros astrónomos a mirar en esa dirección, y para confirmar su existencia. Galileo animó a muchos a mirar por su telescopio, incluso a sus amigos jesuitas, que quedaron convencidos.

La iglesia se lo tomó de otra manera. Hasta ese momento, consideraba al Heliocentrismo de Copérnico como una teoría matemática, y poco más. Sin embargo, cuando Galileo avivó el debate y con sus observaciones ascendía dicha teoría a hechos, ordenó una investigación, error de la iglesia.

El problema para el Vaticano era que el modelo heliocéntrico, confirmado por Galileo, iba en contra del pensamiento aristotélico y ptolemaico, asociado con las escrituras de la Biblia. Ir en contra de los filósofos griegos, pensaron algunos, era ir en contra de la iglesia. No toda Roma se mostró en contra de Sidereus Nuncius, pero los detractores demostraron mayor influencia.

Primera controversia

El primero en atacar públicamente al astrónomo fue Tommaso Caccini, un fraile dominico. En un sermón dado a finales de 1614, Caccini acusó a Galileo, a sus defensores y, en general a todos los astrónomos, de contradecir los textos sagrados. Apoyó su ataque en un verso de las escrituras (Josué 10), el referente al evento en el que Josué pide a dios que detenga el Sol para que los israelitas puedan vencer en la batalla. Si Dios tenía que detener el Sol, suponía Caccini, es porque se movía.

Tommaso Caccini

Tommaso Caccini.

Poco a poco la animadversión por Galileo creció en los círculos más cerrados de Roma. Los colegas dominicos de Caccini también consideraron que Galileo rompía con la ortodoxia de la doctrina cristiana, y decidieron llamar la atención de la Inquisición.

El 24 de febrero de 1615, los miembros del tribunal publicaron su decisión, afirmando que defender la idea de que el Sol era estacionario era “ridícula y absurda en su filosofía, y formalmente herética, ya que explícitamente contradice en muchas partes el sentido de las Sagradas Escrituras”.
Galileo fue llamado por el Cardenal Robert Bellarmine, quien le ordenó “abstenerse completamente de enseñar o defender esta doctrina y de dar su opinión o discutirla. Abandonar completamente la opinión de que el Sol es estacionario en el centro del mundo y que la Tierra se mueve.” Le prohibió abrazarla, enseñarla o defenderla de cualquier manera, ya fuese oral o escrita.  

Galileo no vio una mejor salida, y aceptó la sentencia, aunque fuese un error de la iglesia..

Nuevo intento

A partir del primer juicio, Roma añadió el De Revolutionibus Orbium Coelestium de Copérnico a su lista de libros prohibidos. Con ello creyó zanjada la controversia. No contaban con la insistencia de Galileo y su pasión por revelar la verdad. Por otra parte, no imaginó otro error de la iglesia.

El Papa Urbano VIII. Error de la iglesia

El Papa Urbano VIII.

En 1623 murió el Papa Gregorio XV y le sucedió en el trono Urbano VIII, quien tenía a Galileo en alta estima. Ello le animó a buscar nuevas formas de promocionar sus ideas, sin violar el castigo que se le había impuesto.

Galileo publicó en 1632 un nuevo libro, titulado Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo. Utilizando una conversación ficticia entre tres individuos, dos filósofos y un ciudadano común, el autor volvió a establecer las premisas del movimiento de la Tierra, de una manera más discreta. Así, Galileo intentaba impulsar sus argumentos sin defender abiertamente ninguno de los bandos

Segunda sentencia

Entre sus detractores, la estrategia no coló, y el astrónomo pronto se vio hundido nuevamente en la controversia, y en el punto de mira de sus enemigos. El Papa Urbano prohibió la reproducción de los Diálogos pocos meses después, y los envió a una comisión para su investigación. Error de la iglesia.

En 1633, Galileo fue llevado ante el tribunal, acusado de “sostener como verdadera la doctrina falsa enseñada por algunos de que el Sol es el centro del universo”.Durante el juicio se le recordó que en 1616 se le había prohibido enseñar o defender dicha idea, y se le amenazó con tortura física.
El Papa, a pesar de que de cierto modo apoyaba a su amigo, no se atrevió a defenderlo en público pues temía su propia posición, ya criticada por no actuar más decididamente contra los “herejes”. A Galileo le quedaban pocos amigos en Roma, y estos tampoco se atrevieron a hablar.

El gran astrónomo fue sentenciado a cadena perpetua, con la posibilidad de cumplirla en arresto domiciliario. Ya con 70 años, al viejo luchador no le quedaron opciones. Se retiró a su villa de Arcetri, en las afueras de Florencia, y continuó trabajando en sus obras científicas hasta su muerte en 1642.

El Gran Error de la Iglesia

Los mandamases de la iglesia cometieron un claro y grave error. No sólo castigaron injustamente a un hombre, sino que frenaron, con cierto éxito, el desarrollo científico. En su defensa, algunos arguyen que,de acuerdo con el conocimiento de la época, Galileo estaba equivocado, y no tenía evidencia fehaciente de sus teorías.

Roma tardaría un siglo en retractarse y permitir la publicación de los trabajos de Galileo y Copérnico. Pasaría mucho más tiempo en ser rehabilitado, y en que un Papa reconociera el error, cosa que hizo Juan Pablo II en 1992. Tarde, pero más vale tarde que nunca.

La iglesia pareció haber aprendido su lección. En la próxima controversia científico-religiosa, la publicación de El Origen de las Especies de Charles Darwin, prefirió investigar antes de meterse en problemas, y con el tiempo aceptó la Evolución como un hecho científico.

Lo mismo sucedió cuando la Teoría del Big Bang fue publicada en 1931, casualmente, por un cura católico, George Lemaitre. Para entonces el vaticano ya tenía su propio observatorio y un consejo científico, del que Lemaitre fromó parte. No obstante, la iglesia católica aún se debate en ocasiones entre la ciencia y la doctrina. Un ejemplo es la investigación con células madre, controvertida no sólo en términos religiosos, sino sociales. Por su propio bien, esperemos que el error de la iglesia que cometió con Galileo no se repita.

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