La Antigua Roma y los piratas cilicios.

Comparte con tus amigos !!Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditShare on StumbleUponShare on YummlyDigg thisBuffer this page

Imagino que los piratas han existido desde que el hombre se aventuró al mar. Entonces como ahora, barcos mercantes y gobiernos deben luchar contra esta plaga. La Antigua Roma no fue la excepción, y durante un tiempo, tuvo que esforzarse para acabar con los piratas cilicios.

Siempre hay quien quiera robarle a otro lo que no está dispuesto a obtener por medios legales, y en el mar, hay poca protección. En los grandes mares, incluido el Mediterráneo, es fácil esconderse, más, si eres un experto lobo de mar.

A mediados del siglo III a. de C., tras la Primera Guerra Púnica, Roma comenzó a ejercer cierto dominio sobre los mares, pero su experiencia naval estaba aún en pañales, por lo que limitó a patrullar al Mar Adriático y el Tirreno.

Los piratas entonces desplazaron su zona de operaciones al Mediterráneo Oriental, y fijaron sus bases en la costa sur de la Península de Anatolia, la actual Turquía. Aquella región, en esos tiempos, se llamaba Cilicia, de ahí el apelativo de piratas cilicios.

Roma y los piratas cilicios

Roma y los piratas cilicios, una cómoda molestia

Si hubiesen querido, los romanos hubiesen podido acabar con el problema de los piratas mucho antes. No lo hicieron porque a los piratas cilicios se les daba muy bien eso de capturar esclavos, y a Roma le venía muy bien eso de comprarlos.

Era una relación parasitaria de doble sentido. Casualmente, o no, los políticos más ricos eran los que más necesitaban de los esclavos para trabajar sus tierras. No es de extrañar entonces que nadie tomara la decisión de solucionar el problema.

No obstante, a principios del siglo I a. de C., Roma continuaba su expansión y consolidaba sus dominios en Asia. Los roces con los piratas cilicios se hicieron más frecuentes. El comercio se resintió y los dueños de los barcos elevaron sus protestas al Senado.

Llega el enfrentamiento

Al mismo tiempo que Roma crecía en tamaño y poder, también lo hicieron los piratas cilicios. Tanto, que hacia el año 90 a. de C. ya se aventuraban a saquear pueblos romanos. Fue la gota que colmó el vaso.

En el 77 a. de C., Publius Servilius Vatia, un veterano general, aliado de Lucius Cornelius Sulla y que había sido Cónsul en el 78, fue llamado por el Senado. A Vatia se le encomendó la región de Cilicia, expresamente para que acabara con la amenaza de los piratas.

Cilicia

Cilicia.

Durante dos años, Vatia atacó las fortalezas piratas en tierra, capturando media docena de ellas. En el 75 atacó también por mar, y los bucaneros restantes tuvieron que escapar. Nombrado Imperator por sus hombres, el general volvió a Roma para disfrutar del Triunfo otorgado por el Senado.

Por cierto, entre los oficiales de Vatia, estaba un joven de una familia noble venida a menos, pero que su ambición llevaría a lo más alto: Gaius Julius Caesar. De él hablaremos mañana.

Pompeyo y los piratas

Vatia había echado a los piratas de Cilicia, pero estos no se daban por vencidos. La mayoría había escapado de las legiones y establecido sus bases en otros puntos del Mediterráneo Oriental. En la década siguiente, volvieron a ser un problema para Roma.

Busto de PompeyoEsta vez, el elegido para liderar la campaña fue el niño mimado (aunque ya no tan niño) de Roma: Gnaeus Pompeius Magnus. La Lex Gabinia, otorgó a Pompeyo poderes extraordinarios para acabar con la plaga bucanera.

Pompeyo dividió el Mediterráneo en 30 zonas, eligió a 30 oficiales y envió uno a cada zona. Desde el Estrecho de Gibraltar hasta Phoenicia (Líbano), cada zona fue barrida por naves y tropas romanas. En 40 días, prácticamente todo el Mare Nostrum estaba libre de piratas cilicios.

Los pocos que habían escapado se refugiaron nuevamente en Cilicia, y hacia ellos se dirigió Pompeyo. Les ofreció reducciones de condena si se rendían ante él, y muchos aceptaron. Los que no, fueron vencidos en mar y tierra,

La duración total de la campaña fue de 49 días. El conflicto entre Roma y los piratas cilicios había terminado.

Relacionado: Por qué los piratas llevan un parche en el ojo.

El Mediterráneo, libre de piratas

Aquel verano del 66 a. de C., Pompeyo acabó de un plumazo con la amenaza de los piratas cilicios. Durante siglos el terror de los mares quedó excluido de los dominios de Roma. Pompeyo, además de su victoria, ganó para Roma inmensos tesoros, de los cuales, por supuesto, se llevó una jugosa comisión.

Aquellos que se habían rendido sin oponer resistencia, fueron reasentados en tierras recién conquistadas por Roma. La mayoría abandonó la piratería. Desde entonces, el mar entre tres continentes, pasó a ser un verdadero Mare Nostrum.

Mañana, Julio César y los piratas.

Comparte con tus amigos !!Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditShare on StumbleUponShare on YummlyDigg thisBuffer this page